COLUMNISTA INVITADO – Trump y
Trudeau: ¿cuál será el tono de su reunión?

PASTOR VALLE-GARAY*

Pastor Valle-Garay

 

El próximo lunes el ocupante de la Casa Blanca y Justin Trudeau, Primer Ministro de Canadá, se reunirán en Washington para discutir asuntos de interés mutuo. En estos momentos, Trudeau, sus ministros y consejeros se prepara para el intercambio. Se incluirá en los preparativos  obligatoriamente los reportes de las conversaciones entre Donald Trump y el Presidente de México Enrique Peña Nieto y Malcolm Turnbull, Primer Ministro de Australia.

 

Ambos encuentros se caracterizaron por el estilo ofensivo de Trump: gritos en el teléfono; palabras soeces de parte de Trump; amenazas de enviar el ejército de los Estados Unidos a México para resolver los problemas de inmigración; oposición al acuerdo entre Australia y los Estados Unidos en relación a unos 1.500 refugiados que se encuentran en Australia destinados a asilarse en los Estados Unidos. En fin, una repulsiva manifestación del nuevo lenguaje diplomático de la Casa Blanca.

 

La actuación de Trump con jefes de estados, quienes por décadas han sido fieles e incondicionales aliados de los Estados Unidos, indica que Trump ha decidido emplear la intimidación y la vulgaridad como un instrumento básico de su diplomacia internacional.

 

Trudeau debe tomar desde ahora la firme decisión de esperar lo peor de Trump y de no amilanarse en absoluto por su conducta grocera. Por su condición de ser uno de los líderes más jóvenes en el mundo, Trudeau arriesga que Trump lo considere un novato con quien el matón de la Casa Blanca puede hacer lo que le dé la real gana y tratarlo sin respeto.

 

Ya antes de ingresar a la Casa Blanca, Trump amenazó que construiría un muro en la frontera con Canadá. Ahora que es Presidente no lo ha vuelto a mencionar. Eso no significa que de buenas a primeras haya cambiar de modo de pensar. Trump no es tan inteligente. Además su gobierno anunció que exigirá la construcción del oleoducto que desde Canadá atravesaría los Estados Unidos hasta llegar al Golfo de México con el propósito de exportar el petróleo canadiense al resto del mundo.

 

La construcción del oleoducto incursionaría en tierras sagradas violando la soberanía de las naciones indígenas tanto en Canadá como en los Estados Unidos, causaría enormes daños ambientales debido al derrame de petróleo que ocurre frecuentemente con operaciones de esta envergadura e interrumpiría el tránsito tradicional de especies salvajes en la región. Pero sobre todo significaría imponer la voluntad de una nación extranjera sobre la soberanía canadiense. Esto último no se puede negociar ni entregar por ningún motivo.

 

Otro importantísimo punto de discusión será el Tratado de Libre Comercio entre Estados Unidos, Canadá y México. Trump insiste en cambiarlo o abolirlo si el tratado no favorece a su país.

 

Vale la pena mencionar que el tratado ya favorece a los Estados Unidos y Canadá puesto que al emplear la mano de obra barata de México, tanto Canadá como los Estados Unidos se han podido dar el lujo de continuar comprando mercadería hecha en México a bajos precios. Dicha mercadería incluye desde automóviles y aparatos electrónicos y sus partes hasta ropa confeccionada en México y productos agrícolas. De eliminarse el tratado, los Estados Unidos tendrían que emplear a millones de personas en los Estados Unidos pagándoles un salario irrisorio. Los expertos en economía concurren que los ciudadanos estadounidenses no trabajarían por salarios bajos. De contratárseles por un sueldo más elevado que el recibido en México, el incremento laboral pasaría al consumidor y los artículos producidos le costarían mucho más al consumidor.

 

Estos son dos pequeños ejemplos de las probables discusiones entre Trudeau y Trump. Otra es el asunto del asilo a refugiados de guerras de otros países. Trudeau y Trump no coinciden en la aceptación de refugiados.

 

Trudeau necesita prepararse para la charla con Trump y no permitir que el ocupante de la Casa Blanca emplee tácticas de matón que intimiden al Primer Ministro  en su atentado por someter a la nación canadiense a su voluntad y de esta manera subyugarla.

 

*Senior Scholar, York University.