Cinco formas en las que transformando el ambiente creamos una pandemia

Matías Mastrangelo y María Guillermina Ruiz
Investigadores del Conicet y del Instituto Nacional de Investigación Desarrollo Pesquero – Argentina.

La emergencia de enfermedades infecciosas no es algo nuevo para la humanidad, pero la frecuen-cia y la escala de estos eventos no tiene precedentes. Para entender por qué las enfermedades in-fecciosas emergen con más frecuencia, se propagan a mayores distancias y velocidades, y generan daños cada vez más devastadores, es necesario entender cómo las personas estamos transfor-mando el ambiente y los ecosistemas en todo el planeta.

Aquí describimos cinco formas en que los cambios ambientales producidos por el ser humano propician la emergencia de epidemias y pandemias como la que estamos viviendo.

1) El tráfico de fauna a escala global aumentó los contactos entre animales silvestres y poblacio-nes humanas que, de otra manera, nunca hubieran ocurrido. Cada animal y planta lleva en su or-ganismo una diversidad de virus a los que hospeda desde hace mucho tiempo. Durante esa convivencia milenaria han desarrollado inmunidad contra esos virus. Así, plantas y animales sobreviven atenuando la virulencia de sus huéspedes, y los virus se reproducen infectando sin eliminar a sus hospedadores.

Este equilibrio se rompe cuando un virus se transmite a otra especie con la que no convivió nunca, encontrando así un hospedador que no ha desarrollado inmunidad contra él. Esta transmisión ocurre, por ejemplo, en los “mercados húmedos” donde traficantes de fauna venden animales silvestres, como murciélagos o pangolines (un mamífero asiático y africano que el tráfico ilegal ha puesto en grave peligro de extinción). El virus COVID-19 se habría transmitido desde al-guna de estas especies comercializadas en un mercado húmedo de Wuhan a una persona a fin del año pasado, y desde entonces ha infectado a más de 500.000 personas en 187 países del mundo.

2) La destrucción de ecosistemas naturales ha hecho que los animales silvestres tengan cada vez menos hábitat donde vivir, porque las personas hemos avanzado con nuestros campos de cultivos y urbanizaciones, empujándolos hacia ecosistemas intensamente transformados como las fronte-ras agropecuarias y zonas urbanas. Así, contactos entre animales silvestres y domésticos, y entre animales silvestres y personas, que no eran comunes en los ecosistemas naturales, se volvieron cada vez más frecuentes en los ecosistemas transformados.

La deforestación está asociada a la propagación recurrente de enfermedades transmitidas por animales silvestres, como el mal de Chagas por vinchucas en la América tropical y subtropical, y el ébola por murciélagos en África Sub-Sahariana. Éstas regiones junto con el Sudeste Asiático han sufrido los mayores niveles de deforestación (cercanos al 30%) en los últimos 40 años. En Argentina seguimos perdiendo bosques chaqueños a gran velocidad (dos millones de hectáreas en la última década, la mitad ilegal) sin considerar los impactos de esta deforestación sobre la salud humana.

3) La extinción de especies silvestres, producto en gran parte de la destrucción de hábitats y el tráfico de fauna, ha simplificado las cadenas alimentarias y reducido las relaciones entre especies que naturalmente controlan el tamaño de las poblaciones animales.

La ausencia de predadores naturales de especies que se han adaptado a vivir en ecosistemas transformados permite que sus poblaciones crezcan sin control, aumentando su frecuencia de contacto con personas y con ello la probabilidad de transmitirles patógenos. Algunas especies de roedores, por ejemplo, se benefician con la basura en las ciudades y los granos en los campos, y sin aves rapaces y otros carnívoros que los controlen, se concentran junto a las viviendas y transmiten enfermedades.

La fiebre hemorrágica argentina transmitida por roedores surgió en la región pampeana, la zona donde ha desapare-cido la mayor cantidad de especies silvestres por la intensificación de la agricultura y donde se concentra la mayoría de la población del país.

4) El cambio climático global, resultante en gran parte de la destrucción de ecosistemas y el uso de combustibles fósiles, ha aumentado la temperatura en todo el planeta, haciendo que especies típicamente tropicales ahora encuentren un hábitat apropiado en las regiones templadas, las más pobladas del planeta.

Especies de insectos típicamente tropicales que son vectores de enfermedades infecciosas, como los mosquitos, han ampliado su distribución hacia zonas templadas y han propagado enfermedades como el dengue, el zika o la malaria a zonas donde nunca antes habían llegado.

5) La urbanización y la globalización han generado que las personas vivan en grandes concentra-ciones y desplieguen una gran movilidad a escala planetaria. Esta combinación favorece la rápida propagación de enfermedades infecciosas desde su lugar de origen hacia cada rincón del globo. No sólo estos dos factores convierten una epidemia en pandemia, sino que por sobre todo han promovido los excesivos niveles de consumo y extracción de recursos naturales que impulsan el tráfico de fauna, la destrucción de hábitats, la extinción de especies silvestres y el cambio climático global.

El encadenamiento de estos cinco procesos demuestra que nuestras formas de producir y consumir son grandes responsables de la pandemia, por sus impactos sobre la salud del ambiente, de la cual depende la salud humana. Es necesario investigar más y gestionar mejor a la salud ambiental y humana, como una sola salud, la salud planetaria. Podemos mejorar la salud planetaria consu-miendo alimentos producidos en forma agroecológica, reduciendo los viajes, eligiendo gobernan-tes que les importe el ambiente, entre muchas otras acciones.

Hoy la batalla contra el COVID-19 requiere un cambio en el comportamiento individual y colectivo para frenar su propagación. ¿Seremos los seres humanos capaces de un cambio de comportamiento que frene a tiempo la destrucción de hábitats, la desaparición de especies silvestres y el cambio climático global para evitar mayores crisis ambientales, sanitarias y económicas?