COLUMNISTA INVITADO: Venezuela, mesas divididas y tambaleantes

El presidente de Vebezuela Nicolas Maduro (I) habla con el presidente de la Asamblea Nacional Diosdado Cabello (R).EFE
El politólogo Angel Alvarez.
El politólogo Angel Alvarez.

ANGEL E. ALVAREZ*

Se cumplieron ya dos años del deceso de Hugo Chávez y en ese tiempo todo ha cambiado de una manera brusca y ruda. Se han desvanecido dos de los principales pilares del régimen chavista, la popularidad del líder ganador de incontables elecciones y el dinero que a manos llenas era distribuido para aceitar el fervor popular del que disfrutaba. La tercera y cuarta patas de la mesa chavista la mantienen en pie, pero con la precariedad que la metáfora sugiere.  Estas dos son, de un lado, el enorme control de todas las instituciones, incluyendo las fuerzas armadas y el poder judicial, que pone en tela de juicio el principio de separación de poderes y, del otro lado, los problemas de coordinación de una oposición que fácilmente se coaliga electoralmente pero que difiere en las estrategias a seguir para enfrentar a diario las políticas gubernamentales.

Aprovechando la debilidad opositora,  que no ha sido superada del todo pese a los esfuerzos de la Mesa de Unidad por hacer “control de daño” a las divisiones internas creadas por las protestas del 2014, el gobierno enfila las baterías represivas contra el “eslabón más débil” de la cadena opositora:  primero Leopoldo López (que antes de ser apresado no llegaba a 4% de popularidad) y ahora el Alcalde Mayor Antonio Ledezma y la diputada irregularmente destituida María Corina Machado, quienes lideraron la fallida estrategia de “la salida”  y que ahora son acusados de conspiración para derrocar al gobierno de Maduro.  La estrategia ha tenido costos para el gobierno, tanto domésticamente como a nivel internacional, pero le ha producido el beneficio de mantener dividida a la oposición por un asunto tan importante como cual es la estrategia para obtener el poder: insurrección en la calle o las elecciones. El beneficio para el gobierno de esta polémica dentro de las filas de la oposición no es nada despreciable.

Las protestas, ciertamente, no son solo políticas. Venezuela sufre la más grave crisis de producción y distribución de alimentos y medicinas de su historia. El gobierno acusa a empresarios y opositores de provocar tal crisis, la que llama “guerra económica.”  De este modo, intenta mantener el foco fuera del gobierno y dirigirlo contra un enemigo común interno e internacional (“la burguesía y el imperialismo”) que le permita reducir el ritmo del abismal deterioro de su popularidad y credibilidad.

Siendo el otro bando de esta supuesta guerra, en parte, un enemigo interno, quedaría justificado para el gobierno el uso de la represión que, al contrario de los tiempos de Chávez, ha dejado de ser selectiva y contra algunos dirigentes o activistas, para ser masiva y de ser necesario mediante uso de armas letales (legitimado por normas recientemente dictadas desde el más alto nivel militar). La represión no solo atemoriza y garantiza orden, sino aviva la polémica y división dentro de la oposición.

Pero con represión y división de la oposición no basta. Sobre esas dos patas la mesa en la que se sienta el gobierno, ahora amenazado también por las sanciones recientemente impuestas por el gobierno de Washington, el presidente Maduro tiene que delinear una estrategia para enfrentar una severa crisis fiscal, monetaria y de suministro de bienes de consumo cotidiano y masivo, y unas elecciones legislativas cuyo futuro está por verse. Es como para que los trazos del dibujo que intenta Maduro no salgan muy derechos.

 

*Ph D en Ciencia Política, profesor, analista y consultor.  Radicado en Toronto.