Nuevos acuerdos de paz: El triunfo de la sensatez

Un anhelo parece cumplirse ahora.

Las pocas voces disonantes se pierden bajo el eco de la gran mayoría de colombianos que esperan que llegue la paz con las Farc. El SI y el No giraron en la misma vía.

FABIO LARRAHONDO VIAFARA.
FABIO LARRAHONDO VIAFARA.

El nuevo acuerdo de paz alcanzado entre el gobierno del presidente Juan Manuel Santos y las Farc, se puede titular como “El acuerdo del Sí y el No”, aunque aún se escuchan voces disonantes como la del ex presidente Andrés Pastrana Arango, a quien no convence la participación abierta a dirigentes del grupo guerrillero en Política. Lo cierto es que es que el nuevo pacto resultó más expedito de lo que se pensaba y que son el fruto de la sensatez.Llama la atención la madurez de las Farc, cuyos delegados en La Habana, con la bendición de su jefe máximo, “Timochenco”o Rodrigo Londoño Echeverry , desde un comienzo reconoció que era posible revisar el Acuerdo alcanzado y llevado ante los colombianos al Plebiscito que ganó el NO por encima de todas las proyecciones y encuestas el pasado 2 de octubre.Hay que reconocer y hasta destacar que en los primeros días del postplebiscito, cuando la mayoría de la dirigencia de Colombia se sumió en una “patria boba”, fueron las Farc las únicas que mantuvieron la cordura y guardaron prudencial silencio. Hasta sus dirigentes regresaron presurosos a La Habana para huir de la batahola que se formó. Las declaraciones del Sí y del No iban y
venían: los primeros recriminando y diciendo que los ciudadanos habían votado bajo engaños y asustados, mientras que la contraparte argumentaba que se había impuesto la sensatez y habían derrotado “la maquinaria del Gobierno y a medios de comunicación”.La madeja comenzó a desenredarse cuando las partes acordaron reunirse en el propio Palacio de Nariño, incluyendo al líder máximo del NO el expresidente Álvaro Uribe Vélez, donde despachó 8 años bajo la política de debilitar a las Farc con el apoyo de unas Fuerzas Armadas vigorosas y con un ministro de Defensa firme y dispuesto a atacar a todo momento: nadie más, ni nadie menos que el actual presidente Juan Manuel Santos, el mismo que en su gobierno le apuesta al diálogo por la paz.A partir de esa reunión se abrió la senda hacia la búsqueda de los nuevos acuerdos, a partir de ratificar al equipo negociador por encima de voces que pedían nuevas caras. Ni el Gobierno, ni las Farc cayeron en esa tentación. Lo cual fue un acierto, pues ya había trazado un lazo de confianza.Y se llegó el día. El sábado 12 de noviembre, tras un día de rumores en redes sociales en que se daba cuenta que ya se había alcanzado el acuerdo nuevo, el presidente Juan Manuel Santos irrumpió para dar a conocer la buena noticia.

En Toronto los colombianos también han apoyado el acuerdo de paz.
En Toronto los colombianos también han apoyado el acuerdo de paz.

Esta vez con mesura. La lección estaba aprendida. Siempre insistió en que se tuvieron en cuenta los aportes de las corrientes del NO, a quienes agradeció la seriedad de los aportes y la posibilidad de llevarlos a cabo.Como era de esperarse creció como espuma el interés por conocer el texto de los acuerdos, pues el No exigía, desde un comienzo, que los ajustes fueran de fondo y no de forma, en palabras de Uribe Vélez “no basta con maquillajes”, a lo que Humberto de la Calle, el jefe negociador del Gobierno, respondió que “siempre hemos pensado en acuerdos de fondo”, con lo que cerró la puerta a cualquier controversia por este lado.Antes que se llegara el día del gran anuncio, las corrientes opositoras también dieron muestra de sensatez, porque no hicieron drama cuando el presidente Juan Manuel Santos, con mucho protocolo, no acogió la propuesta de sumar a su equipo negociador un representante del NO, sin voz y sin voto. Era consciente que en cualquier momento ese testigo extra podría causar ruido.Luego de los ajustes de última hora, los acuerdos definitivos quedaron colgados en www.mesadeconversaciones.com.co (Allí se pueden consultar), con la seguridad de saber que son los consensuados entre las partes. No han sido tocados por manos extrañas, ni nada parecido. Allí está plasmado un mes de renegociaciones y sobre todo de haber escuchado a las voces que no estaban de acuerdo. Esto permite que ahora se haya pasado a otra atmósfera más positiva y optimista.La atmósfera que se registra en Colombia en estos momentos contagia a la comunidad internacional, tal como lo expresa, por ejemplo, el Ministro Federal de Relaciones Exteriores de Alemania, Frank-Walter Steinmejer, al calificar los acuerdos como “símbolo de esperanza”. Otros países se han expresado en el mismo sentido. En esta ocasión todos con voces de reconocimiento hacia el futuro y al propio Presidente de la Repú
blica que fue capaz de enmendar, oír al NO, sentarse con contrincantes férreos como el ex procurador Alejandro Ordoñez y con críticos cáusticos, como el ex presidente Andrés Pastrana, y el mismo líder incansable y puyante, ex presidente Uribe Vélez.El ministro alemán agregó: “También demuestra la pasión con la que el presidente Santos se desempeña por esa pazque debe terminar por fin con esas décadas de morir y matar en Colombia. Solamente podemos admirar este coraje de la paz”, agregó el Ministro alemán.Se puede cerrar diciendo, que estos nuevos acuerdos son el resultado de la sensatez, donde las voces disonantes se perderán entre el eco de las grandes mayorías que están de acuerdo en que se venga la paz con las Farc y que estas acudan a las urnas en busca de respaldo, es la democracia. *Periodista colombiano radicado en Cali. Especial para CORREO. Falavi2005@yahoo.com/ @falavi2005