En el TIFF, una obra maestra hermosa y desgarradora

Film Director Pedro Costa, right, from Portugal poses with the ''Pardo d'oro'' trophy for the best Film with actress Vitalina Varela, left, from Cabo Verde for the "best actress" from the Film "Vitalina Varela " during the photocall at the 72th Locarno International Film Festival in Locarno, Switzerland, Saturday, August, 17, 2019. The Festival del film Locarno runs from 7 to 17 August 2019. (KEYSTONE/Urs Flueeler)

Cinco años después de haber sorprendido al mundo con Caballo Dinero, el legendario director portugués Pedro Costa, una de las mayores figuras del cine de las últimas décadas, retoma a una mujer que aparecía secundariamente en aquel film, Vitalina Varela, y hace que desde los sombríos suburbios de Lisboa en los que malviven los inmigrantes de Cabo Verde, nos haga temblar con su imagen y su historia de amor, dolor, memoria y resistencia.

Vitalina Varea supone, incluso para los amantes del cine de Costa, un desafío que la crítica italiana Giorgia Del Don, en ocasión de comentar el triunfo del film en el Festival de Locarno (Suiza) un mes atrás, describió como irritante, abrumador, indescriptible, de tonalidades épicas pese a la miseria que lo cubre todo y, en esencia, admirable.

Ante todo, vale consignar que Pedro Costa, desde la década de los ‘90 se ha propuesto transgredir los límites del realismo cinematográfico llevándolo a un registro que va mucho más allá del documental y que nos obliga a sumergirnos en las condiciones de vida no de sus “personajes”, sino de personas que nada tienen que ver con la ficción y son, en su mayoría, inmigrantes reales de Cabo Verde tratando de sobrevivir en una Lisboa hostil y casi sin alma. Como maldita por un pasado colonial de cuyas consecuencias en los cuerpos ajenos no logra desprenderse.

Pedro Costa se centra en una mujer: Vitalina Varela, que no solo le da su imagen y su voz a la película, sino que de alguna forma, con sus gestos y sus palabras, la ha guionado y producido. Costa, nos dice: “ésta es su película. Yo sólo ha he filamado” y es tal la potencia que esa mujer perdida en una ciudad que “no tiene nada para ella” despliega en la pantalla, que una afirmación como esa, que en otro director podría ser apenas circunstancial, resulta absolutamente creíble.

Pero lo que Costa aporta a esa simbiosis con la persona/personaje que nos subyuga desde la pantalla es sensibilidad, maestría, preciosismo en los encuadres, rigor estético y un uso de la iluminación y de la falta de iluminación admirables. Desde las sombras que se funden en otras sombras hasta lo que podemos intuir que hay detrás de la oscuridad de una habitación mal iluminada, todo es cine llevado a su máxima expresión y confirma que estamos ante un director que ya era un mito y del que sólo puede esperarse superación.

Vitalina Varela ha llegado a Lisboa a despedirse del marido que la ha abandonado años atrás y que ha muerto.
Llega tarde y sola al lugar que alguna vez fue para ella un sueño, el lugar en donde los esperaba una vida mejor y ha demostrado ser una pesadilla.

Pesadilla para su marido, todavía no sabemos por qué. Pesadilla para ella, porque si alguna vez se quedó sin amor, ahora, colocada en el centro de una ciudad laberíntica, egoísta e incomprensible, puede ver que nadie ha ganado nada con su pérdida. Ahora, en el despertar brusco de aquel sueño de familia reunida que transforma el abandono en duelo definitivo, ella debe reconstruir para comprender y resistir, y nosotros tenemos que hacer esa jornada con ella, porque no se va ver una obra de Costa impunemente.

Desde las primeras imágenes que muestran sus pies descalzos y mojados al bajar de un avión y su encuentro con el personal de limpieza del aeropuerto, podemos estar seguros de que todo en adelante será extraordinario porque esa historia de tristeza desesperante sólo puede ser verdadera.

Para usar palabras de otro conocido crítico cinematográfico, Manu Yáñez:
“Costa nos entrega con la magnitud cinematográfica de Vitalina Varela, una película que camina al ritmo de sus personajes, una obra de paredes enmohecidas e ímpetus indomables, de sábanas ensangrentadas y abrazos sublimes, de estómagos vacíos y voluntades obstinadas. He aquí la nueva obra maestra de un artista comprometido con la grandeza del cine y del espíritu humano, un hombre que no transige con las injusticias de nuestro tiempo”.

Lois es una conocida reportera que fue capaz de desempeñar tareas típicamente masculinas en una época en la que las mujeres aún estaban limitadas a la esfera doméstica y totalmente apartadas de la esfera pública. Y si bien se trata obviamente de un pseudónimo utilizado por alguien que no desea ser reconocido/a, en Correo estamos orgullosos de sus colaboraciones.