Canadá ante encrucijada histórica

   La advertencia del primer ministro de Canadá, Mark Carney, de que “el antiguo orden internacional, basado en reglas, terminó” y las naciones, incluida la suya, deben cambiar el rumbo para evitar ser víctimas de “actores poderosos” merece, quizás, una reflexión profunda, especialmente en la comunidad latina que vive, trabaja y construye su futuro en este país.

   Puede tratarse de una frase retórica o una exageración diplomática; pero Correo Canadiense se inclina hacia el reconocimiento explícito de Carney en su discurso en el Foro Económico de Davos de que el mundo que conocíamos ya no ofrece las garantías de antes.

    En dicha intervención, el jefe de Gobierno se refirió a la “hegemonía estadounidense”, aseguró que “las grandes potencias” utilizan la integración económica como arma para generar coerción, y denunció la disminución del multilateralismo y de la arquitectura de resolución colectiva de problemas.

    Según analistas, durante décadas países como Canadá encontraron en ese orden internacional un espacio relativamente seguro para defender sus intereses sin recurrir a la fuerza, y apostaron por el comercio regulado y la resolución pacífica de conflictos.     

    Para migrantes latinoamericanos, ese mismo sistema representó también una promesa: la de sociedades abiertas, con reglas claras, derechos protegidos y oportunidades reales.

    Hoy, esa opción se ve tensionada por el avance de los que imponen sus agendas sin demasiados miramientos.

    El mundo atraviesa una etapa marcada por guerras prolongadas, disputas geopolíticas, el debilitamiento de organismos internacionales y el uso del poder económico y tecnológico como herramienta de presión.

   Cambiar el rumbo, como propuso el primer ministro canadiense y consideran diversas voces a nivel nacional e internacional, no es solamente una alternativa ideológica, pues también representa una necesidad de supervivencia política y económica.

   Escuchar que el orden basado en normas se erosiona genera preocupación legítima, y a la vez plantea una pregunta: ¿qué papel puede y debe jugar Canadá en este nuevo contexto?

   Defender la soberanía, diversificar alianzas, proteger sectores estratégicos y reducir vulnerabilidades externas resulta compatible con seguir optando por el diálogo, la inclusión y la cooperación.

   Para los latinos en este país, una política exterior de Canadá firme y coherente es una garantía de estabilidad interna y de continuidad del proyecto multicultural.

    El fin de un orden no implica necesariamente el caos, pero sí exige decisiones claras, y Canadá enfrenta el desafío de adaptarse sin perder su brújula ética.

+ posts