Cuba 2015: Entre la esperanza y la incertidumbre

La secretaria adjunta para Latinoamérica del Departamento de Estado de EE.UU., Roberta Jacobson, visitará La Habana el 21 y 22 de enero, en la que será la misión de más alto nivel de un diplomático estadounidense a la Cuba castrista.EFE

ÁNGEL E. PINO

La secretaria adjunta para Latinoamérica del Departamento de Estado de EE.UU., Roberta Jacobson, visitará La Habana el 21 y 22 de enero, en la que será la misión de más alto nivel de un diplomático estadounidense a la Cuba castrista.EFE
La secretaria adjunta para Latinoamérica del Departamento de Estado de EE.UU., Roberta Jacobson, visitará La Habana el 21 y 22 de enero, en la que será la misión de más alto nivel de un diplomático estadounidense a la Cuba castrista.EFE

Sin reponerse aún del sorpresivo cambio anunciado en las relaciones con Estados Unidos, país que para bien o para mal ha marcado su destino por más de un siglo, los cubanos se aprestan a entrar a un nuevo año atenazados entre la esperanza y la incertidumbre, la continuidad y el cambio.

Pasada la euforia por el regreso definitivo de los tres antiterroristas que aún quedaban presos en cárceles de alta seguridad en Estados Unidos, contemplada en los acuerdos anunciados el pasado 17 de diciembre, la reanudación de vínculos entre ambos países se ha convertido actualmente en el tema de conversación más recurrente entre los cubanos.

El gobierno estadounidense rompió relaciones diplomáticas con Cuba en enero 1961, e impuso un férreo bloqueo económico, comercial y financiero -el más prolongado en la historia de la humanidad- para forzar al pueblo cubano “por hambre y desesperación” a derrocar a la Revolución Cubana.

Aunque el bloqueo económico se mantiene, al hacer el anuncio de los acuerdos casi simultáneamente con su homólogo cubano, Raúl Castro, el presidente Barack Obama calificó la decisión como “el cambio más significativo de la política norteamericana en 50 años”, y prometió involucrar al Congreso “en una discusión seria y honesta” para eliminarlo.

Para los cubanos, los nuevos acontecimientos llegan en medio de una encrucijada clave para la Revolución: el relevo en los altos niveles del partido y del gobierno de la denominada generación histórica, y la implementación de cambios sustanciales en el modelo económico socialista del país, aprobados por el 6to Congreso del Partido Comunista en abril de 2011.

En medio de la discusión que estos temas provocan, más frecuentes de lo normal, se ponen claramente de manifiesto las esperanzas, pero también los cuestionamientos e incertidumbres ante la falta de una respuesta clara en medio aún de la sorpresa que generó el cambio en la política de Estados Unidos hacia la isla.

El denominador más común, en el que todos coinciden, es en que en cualquier circunstancia los acuerdos para una normalización de relaciones entre los dos países tiene un carácter positivo y debe contribuir a disminuir las tensiones y a un mejor entendimiento entre ambos gobiernos y pueblo.

“Creo que en el peor de los casos, aún cuando el Congreso norteamericano se resista a levantar completamente el bloqueo, el hecho de que existan canales diplomáticos para comunicarse y debatir las diferencias es claramente preferible a lo que había”, afirma Luis Ramírez, ingeniero de una empresa constructora.

Para Antonio Fernández, estudiante de la universidad, la normalización de relaciones “es un hecho positivo, no solo para Cuba, sino también para el pueblo norteamericano”, aunque –reconoce- “no están claras las intenciones de Estados Unidos con ese cambio brusco de sus relaciones con nosotros”

Tras reconocer que el bloqueo económico y los intentos de derrocar a la Revolución por la fuerza fracasaron, Obama dijo que si bien no espera que los cambios anunciados produzcan por sí mismo “una transformación” de la sociedad cubana, al menos permitirá a Washington “defender nuestros valores en Cuba de una manera más efectiva”.

“El hecho de que puedan haber relaciones e intercambios comerciales entre ambos países y pueblos debe contribuir a un mejoramiento de la situación económica del país, y eso es bueno para todos”, pero no debemos bajar la guardia ante un vecino tan poderoso, que nunca ha renunciado a dominar a Cuba, advirtió por su parte Julián Pérez, economista de profesión.

Para los cubanos en general, que en términos de beisbol y política se consideran los más expertos del mundo, la alegría que suscita la noticia debe matizarse. La normalización de relaciones con Cuba, al parecer, no es parte de un cambio en la política exterior norteamericana en su conjunto.

El acercamiento se produce en momentos en que Estados Unidos muestra marcadas tendencias hacia la provocación de conflictos y guerras, como parte de su estrategia de influencia y dominación, demostrada en varias regiones del mundo: Iraq, Afganistán, Libia, Siria, Ucrania, Rusia y Venezuela, entre otras.

Paralelamente con las discusiones que se generan en fiestas, reuniones familiares, llamadas telefónicas y otros encuentros informales, circulan por las redes sociales y medios de prensa infinidad de comentarios, mensajes y felicitaciones vinculados al hecho.

Al referirse al tema en un comentario titulado “Días raros”, la periodista cubana Laidi Fernández afirma que en estos días “Cuba está en la boca del mundo, y nosotros en medio del mundo boquiabiertos”. Quizás la razón sea –enfatiza- que no tenemos respuestas ahora mismo: las sorpresas nos dejan a medio camino entre la alegría y el pasmo.

Por su parte Rafael Hernández, sociólogo, académico y experto cubano en las relaciones Cuba-EE.UU. también se declaró sorprendido por los acuerdos. “No solo los cubanos de a pie, sino los expertos en relaciones bilaterales de los dos lados se quedaron atónitos con la noticia”, admite, en un artículo que publica el diario La Vanguardia, de España.

“Tal determinación era difícil sin la voluntad de gastar en una islita del Caribe el capital político que no le sobra a Obama en este otoño republicano y de descontento, en vez de hacerlo en Afganistán, Iraq, el Estado Islámico, Rusia, Ucrania, o la cuestión migratoria, las drogas, la violencia racial, y todo lo demás”, opina .

Mientras tanto, el escritor, poeta y ensayista cubano Luis Toledo Sande opinó que debe darse la bienvenida a todo lo que favorezca el normal funcionamiento de las naciones, y el bienestar de los pueblos, “pero no parece ser que ese sea el propósito con que, al parecer, empieza a abrirse paso en los Estados Unidos el sentido práctico y de conveniencia”.

Los gobiernos de Estados Unidos y Cuba anunciaron la apertura en breve de embajadas en sus respectivas capitales, donde a falta de relaciones formales funcionan desde 1976 las denominadas Secciones de Intereses, bajo el paragua diplomático de Suecia.

Tras el anuncio de los acuerdos, el presidente Obama alcanzó el 48 por ciento de popularidad en Estados Unidos, el más alto en los últimos 20 meses, según una encuesta reciente de la cadena televisiva CNN.

En cuanto a los cubanos, podría asegurarse sin reservas que, por primera vez en más de medio siglo, y quizás desde Abaham Lincoln, un presidente de Estados Unidos es popular en Cuba.

 

*Periodista cubano. Nota especial desde La Habana para CORREO Canadiense.