Las personas que trabajamos con adultos mayores y en especial con adultos mayores inmigrantes pertenecientes a culturas como la latina, conocemos bien la brecha que existe muchas veces entre las expectativas de vida familiar que se han tenido mientras los hijos son pequeños y la realidad que la sociedad de acogida ofrece después.
Muchas de esas personas, al llegar a la edad de retiro se encuentran solas, con un tipo de soledad particularmente dolorosa y nociva: la soledad no deseada.

Por: AGENCIA (SINC)

Como consecuencia del envejecimiento de la población y dado que la aparición de males como el Alzheimer y otras demencias se ve favorecida por la edad, se estima que en las próximas décadas habrá un aumento muy importante tanto del número como del porcentaje de personas con demencia.

Las investigaciones al respecto buscan, por un lado, encontrar las causas genéticas y biomoleculares que originan los cambios neuronales que caracterizan las demencias, pero por otro lado, se trata de identificar factores de riesgo que favorezcan su desencadenamiento a fin de poder prevenir y retrasar su aparición.

Uno de estos factores, señalan los expertos, podría ser la soledad no deseada.

La soledad y en especial el aislamiento ya se habían relacionado con estados de salud precarios, depresión, e incluso muerte prematura. Por ello es normal recomendar a las personas adultas mayores que mantengan una vida social lo más activa posible, pero la novedad en este caso es que parece haber una relación estrecha entre la soledad que no se desea (a cualquier edad) y la aparición de demencias en estadios posteriores de la vida.

Comprender el efecto nocivo de la soledad no deseada como factor que puede preparar el camino a la demencia, por lo tanto, podría servir para diseñar programas e intervenciones de tipo ambiental, psicológico y social.

Un grupo del departamento de Psiquiatría de la Universidad Autónoma de Madrid que colabora además con la Organización Mundial de la Salud ha realizado una rigurosa revisión de los estudios publicados hasta la fecha sobre la asociación entre soledad no deseada y demencia.
El trabajo, publicado en la revista Ageing Research Reviews, revisa más de 2.500 artículos relacionados con la temática y evalúa los resultados y calidad metodológica de ocho estudios.

 “Estos estudios analizaron 21.525 participantes mayores de 65 años procedentes de América, Asia y Europa. Ninguno de estos individuos tenía demencia al inicio del estudio. Los resultados, una vez que hubo transcurrido el tiempo y luego de saberse cuáles de esas personas habían comenzado a manifestar signos de la enfermedad, mostraron que la soledad no deseada (más que la soledad en sí misma) se asocia con un mayor riesgo de demencia”, aseguran los autores.

Además, argumentan los investigadores, esta asociación es independiente de la presencia de depresión. “La influencia de la soledad no deseada sobre el riesgo de desarrollar demencia parece ser estadísticamente comparable al efecto que tienen otros reconocidos factores de riesgo como la diabetes o la inactividad física”, añaden los autores.

El trabajo concluye que comprender el efecto nocivo de la soledad no deseada en la demencia puede servir para diseñar nuevas formas de tratamiento más focalizadas en las características individuales de cada paciente y por lo tanto más efectivas.

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