Un duelo y una muerte trágica

El 15 de julio se cumplieron 202 años de un acontecimiento casi olvidado y que, en una publicación de las características de Correo, podría no ocupar ningún espacio. Un duelo. El último con un resultado mortal en aquella villa llamada York y a la que sus habitantes conocían como Muddy York. Costumbres bárbaras de otro tiempo…

La tragedia tuvo lugar en un descampado en las afueras de la ciudad, en el cruce de dos senderos de tierra que hoy son las calles Yonge y College.

Se batieron ese día de 1817 John Ridout, un joven estudiante de derecho, y Samuel Jarvis, alguien cuya mala reputación entre los habitantes de la villa era sólo comparable a la de su propia familia.

Su padre, William Jarvis, había llegado a York años antes como parte de las familias de loyalists refugiadas en territorio leal a la corona británica tras la revolución de los estados del sur. Había recibido, como recompensa por su lealtad, una propiedad en lo que hoy es Sherbourne y Adelaide y 100 acres en las afueras de la ciudad.  Pero por diversas razones, tanto William como su esposa y luego su hijo Samuel, eran personajes poco queridos y se los definía como conflictivos y corruptos.

Aquel 15 de julio

En aquella tarde ambos jóvenes (que el día anterior habían discutido acerca de cierta suma de dinero que Samuel debía) se colocaron  en silencio espalda con espalda. Luego caminaron los 8 pasos estipulados previamente y dieron media vuelta quedando inmóviles uno frente al otro. Debían disparar a la cuenta de tres pero sucedió algo inesperado. John Ridout disparó una fracción de segundos antes y falló.

Confusión y muerte

Hubo en aquel momento una gran confusión porque ni los contendientes ni sus padrinos estaban seguros de qué indicaban las reglas de honor en esos casos, pero finalmente se decidió que ambos volvieran a sus sitios para que Jarvis disparara. Éste entonces tuvo tiempo para apuntar cuidadosamente y el disparo destrozó el pecho de su oponente, que murió al instante.

Cuando llegó la policía los padrinos de Jarvis juraron que Ridout, en el momento de morir, había admitido que la responsabilidad había sido suya. Y aunque el relato sonaba inverosímil los lazos políticos que la famila Jarvis mantenía con los Tories de la época determinaron que Samuel, tras un breve juicio por asesinato, quedara en libertad.

Antecedentes y consecuencias

Esta historia no comienza el día del duelo, por supuesto, y es interesante saber quiénes eran los Jarvis y las razones por las cuales sus conciudadanos no los apreciaban demasiado. Y tampoco termina en el momento en que John Ridout fue enterrado por sus padres y su novia en la Catedral de St. James, en cuyo portal todavía se puede apreciar la placa que recuerda su memoria.

Diez años después aún se discutía en Toronto si Jarvis había o no asesinado al joven Ridout y las razones por las cuales había escapado al castigo de la ley. Por esa razón, cuando el periodista e impresor reformista William Lyon Mackenzie llegó a la ciudad y fundó el periódico Colonial Advocate, enlazó sus críticas a lo que se conocía como Family Compact (los pactos y acuerdos que mantenían a un pequeño grupo de familias conservadoras al frente del poder político y económico de la provincia) con aquella muerte lamentable ocurrida años antes.

Eso derivó en muchos otros acontecimientos interesantes y de particular importancia tanto para la historia de la prensa y el periodismo en Canadá como para la historia misma del país: se entrecruzaron una y otra vez enconos personales y posicionamientos políticos irreconciliables que, poco a poco, dejaron su huella.

Como ejemplo de algunos de aquellos acontecimientos, podemos mencionar que Samuel Jarvis encanbezó la turba que protagonizó lo que se conoció como Types Riot, que derivó en la completa destrucción de la imprenta donde se imprimía el Colonial Advocate, cuyos despojos fueran arrojados luego al lago Ontario.

También cabe recordar que cuando William Lyon Mackenzie avanzaba en 1837 por la calle Yonge con su pequeño cuerpo de rebeldes dispuestos a lograr por las armas la independencia de Upper Canada, Samuel Jarvis integraba la fuerza del gobierno imperial que los esperaba a la altura de la calle Bloor, en donde rápidamente los revolucionarios fueron dispersados.

Tras aquella derrota, Mackenzie se asiló en los EEUU, presidió desde el exilio una efímera República de Canadá, fue amnistiado, retornó al país, rehizo su imprenta y fue legislador provincial durante dos períodos. Mientras, los integrantes de la familia Jarvis perdían año tras año sus numerosos puestos oficiales, su fortuna y sus propiedades.

Ahora bien… ¿qué sentido tiene que en la página editorial de Correo estemos incluyendo esta apretadísima síntesis de cosas ocurridas hace tanto tiempo?  Podríamos decir que lo hacemos simplemente porque hace unos días se cumplieron años de aquel trágico duelo, pero no es sólo por eso.  A continuación trataremos de explicarlo.

Los por qué de este editorial

Las razones para haber incluído esta vieja historia y sus derivaciones en nuestro editorial son varias pero podemos resumirlas en dos.

En primer lugar porque conocer los hechos del pasado del país en el que uno vive no sólo satisface la lógica curiosidad que siempre nos generan hechos como los narrados. Importan porque a partir de conocerlos, cada uno de nosotros puede articularlos en un relato integrador y más amplio, y eso contribuye a comprender mejor el país de hoy y a establecer una relación más adecuada entre nuestra identidad y la de los demás.

Por supuesto es difícil -en medio del esfuerzo por informarnos y tratar de entender los hechos del presente- encontrar espacio para todo lo que querríamos conocer acerca del pasado. Pero el pasado vive entre nosotros de mil formas aunque no lo notemos y por eso mismo es “noticia”. Traerlo hasta el presente y reinterpretarlo es parte de nuestra tarea periodística y haremos el esfuerzo de cumplir con ella.

La segunda razón es informarles que en el marco del proyecto Cuéntame.2, esta historia y otras similares, narradas con más detalles y menos constricciones de espacio, serán publicadas tanto en en www.latinasentoronto.org/cuentame2/ como en www.correo.ca.

Incorporaremos temas profundamente canadienses, como las Fenian Invasions o la historia de Cunnawa Bun y su misterioso retrato… pero también incluiremos acontecimientos de la historia latinoamericana, porque no hay identidad real que no se asiente en un reconocimiento de las raíces propias.

…Y a propósito de esto, podemos anunciar que vistará estas páginas, muy pronto, una mujer que hace exactamente 500 años vivió en su cuerpo y en su psique un drama de características sociales y personales arrolladoras.

Se llamaba Malintzin, fue esclava y traductora por esas trágicas ironías de la vida, y hoy la recordamos como Malinche. Al decir de la profesora Rosa Sarabia, de la Universidad de Toronto, que nos ayudará a conocerla y quererla, fue “la malinterpretada”.