OPINION: Una luz por Ayotzinapa

EFE_ARCHIVO_Ayotzinapa_Padres1¡Vivos se los llevaron, vivos los queremos!

ROBINSON AREVALO FRANCO*

 

A Julio César Mondragón, estudiante de la escuela normal de Ayotzinapa le fue desollado el rostro y le vaciaron las cuencas de sus ojos, simplemente por exigir mejoras educativas. Él, como 42 más fuequemado vivo por agentes del Estado, en Iguala, Guerrero, México; lo que produjo horror en el más desprevenido de los seres humanos, pero al parecer no produjo el mismo efecto en las responsabilidades gubernamentales mexicanas. Hasta la fecha, no ha pasado nada, solamente el ruido mediático y las protestas de cientos de miles de personas que gritaron en toda la tierra ¡Vivos se los llevaron, vivos los queremos!

Las acciones represivas de los gobiernos en contra del movimiento social y de la protesta, no es nuevo. En el mismo México, podemos recordar la matanza de Tlatelolco en octubre del 68, producida mediante el ataque militar orquestado por el gobierno de Díaz Ordaz. En 29 minutos ésta dejó más de 300 cadáveres de estudiantes universitarios sobre las alcantarillas de la Plaza de las Tres Culturas. El mismo lugar donde el 13 de agosto de 1521 fueron masacrados los últimos mexicas bajo las armas de Hernán Cortés.

Esta vez, sucedió el 26 de septiembre de 2014 y el saldo es de solo 34 detenidos, amenazas a los testigos, varias fosas clandestinas encontradas con cadáveres, un presidente municipal en fuga, un gobernador al filo de la navaja, un palacio de gobierno en llamas, una presidencia terriblemente cuestionada -no solo por los mexicanos, sino también por la comunidad internacional. El saldo sigue creciendo sin control, la ONU se pronuncia; la OEA el próximo 11 de febrero recibirá a los familiares de las víctimas.

La antropóloga mexicana Rossana Reguillo, habla a boca abierta de un poder oscuro de la narco máquina, divulga a todos los vientos las relaciones entre el Estado y el crimen organizado, y nos abre los ojos y sentidos en cuanto a la soberbia del gobierno mexicano que pensó ser capaz de gestionar un horror sin salpicarse. El grupo criminal Guerreros Unidos que asesinó a los 43, el grupo perredista de Abarca y el cacicazgo perredista del ex gobernador Ángel Aguirre mantienen el control de la ciudad de Iguala, los tres con entendimientos entre sí. Pero para el presidente Peña Nieto, esto no es relevante, ni tiene importancia, pues no ha producido ningún hecho contundente que detenga la ola de represión violenta de los grupos mezclados entre carteles de la droga, funcionarios de gobierno e instituciones.

[]Que un país como México tan rico en cultura, siga escribiendo folios oscuros de su historia política, social y moral. Que sea precisamente estudiantes los masacrados, nos hace reflexionar, que escuelas creadas con misiones culturales para llevar educación a un pueblo, como lo fueron las normales desde 1920 en todo el territorio mexicano sean arrasadas por tropas; y organizaciones criminales, deja mucho que decir. Este es el balance de un horror que los latinoamericanos estamos acostumbrados, pues vemos la barbarie como algo natural, pero por más que queramos a los que sentimos, nos maltrata hasta las entrañas.

Ya no hay más Octavio Paz, quien quizás haya sido el único con coraje de dar a conocer al mundo la matanza de Tlatenolco en su fabuloso ensayo. Ahora vemos, un gobierno mexicano fragmentado, investigaciones acumuladas, familiares con miedo, y como todo en la vida, todos nos solidarizamos con lo ocurrido pero quedará en los anaqueles de las bibliotecas para que algún curioso en el futuro lea que 43 estudiantes fueron asesinados y el pueblo entero grito: “Vivos se los llevaron, vivos los queremos”.

* Magister en intervención social, especializado en derecho internacional humanitario y derechos humanos, residente en Toronto.