Lo que pienso afecta mi conducta

 

LUZ DANNY MORENO

 

 

 

Constantemente evidenciamos en una discusión con otra persona, pasar de la molestia al enfrentamiento verbal, y posteriormente, a la agresión física. Lo anterior, sin preguntarnos ¿por
qué no me pude contener?, afianzándonos en tener más argumentos que justifican nuestros actos y menos reflexión.

 

El caso de Pepa, molesta con su hermana, porque no la invitó cuando se fue con unos amigos a un baile. Enfurecida se dedicó a rumiar “egoístas, me dejaron de lado, no les gusta salir conmigo, pero seguro si necesitan algo entonces me buscan. ¡La próxima vez no les ayudo!, ¡me niego a salir con ellos!, ¡nos les vuelvo a hablar!”.

 

Mientras más le daba vueltas, más disgustaba se ponía, sus gestos mostraban sus sentimientos, ira en su mirada, apretaba su mandíbula y empuñaba sus manos. Cuando regresó su hermana, ésta
la saludó y Pepa la miró con furia, no le respondió el saludo, sólo le dijo, no quiero volver a hablar contigo. La hermana quería manifestarle que no le habían participado, pues la reunión era para despedir a dos personas que Pepa no soportaba, con quienes ya había tenido disgustos, pero Pepa se alejó sin dar opción a hablar. Pepa nunca preguntó la razón de no ser convocada al evento. Se quedó con su ira y resentimiento, y la relación con su hermana se deterioró cada vez más.

 

Esta situación muestra el proceso de pensamientos, generador de comportamientos alterados. Como seres racionales, se esperaría parar, recapacitar, acudir a la fuente y preguntar abiertamente, ¿qué pasa, porque no me tienen en cuenta?, etc., no asumir y dejar que pensamientos distorsionados produzcan reacciones emocionales que conducen a desadaptación social y estados de ánimo bajo.

 

Cómo bien resalta Aaron Beck en la Terapia cognitiva, los pensamientos automáticos o distorsionados afectan las emociones y por tanto las conductas, más aún cuando no validamos la información con los demás; por el contrario, los asumimos como reales afectando nuestro actuar. Así mismo, se convierten en creencias irracionales que limitan nuestro proceder, como lo trabaja
Albert Ellis con la TREC (Terapia racional emotiva).

 

Parar, reflexionar, preguntar, validar, es parte del camino.

 

*Colombiana, sicóloga, coach personal y para ejecutivos  www.ifniec.com