Está claro. La comunidad de origen latinoamericano es un 2% (¿quizás 4%?) de la población canadiense y eso tiene consecuencias. Entre ellas, la dificultad para gravitar en los temas de orden nacional e internacional que preocupan al país del modo en que lo hace la comunidad hispano-estadounidense, que conforma el 18% de la población del suyo. Pero aún así, siempre es posible y en ocasiones es necesario inspirarse en ellos.

Por: HORACIO TEJERA*

Por otra parte, tampoco hay razones para pensar que acerca de temáticas complejas, una comunidad como la nuestra, definida en base al uso de un idioma común, a ciertas características culturales compartidas y a una procedencia etno-geográfica diversa, pueda o deba tener enfoques unificados. Simplemente no sería lógico ni deseable.

Dicho lo anterior, vale apuntar que, por diversas razones, sí es cierto que tenemos sensibilidades coincidentes y marcos de análisis de los problemas o de búsqueda de soluciones en los que podemos reconocernos como un “nosotros”.

Y que en ese sentido, y una vez aceptado que puede haber problemas en cuyo diagnóstico tengamos un enfoque similar, deberíamos poder encontrar formas de incidir como conjunto. Quizás, buscando enseñanzas en quienes, como los hispanos que viven al sur de la frontera, tienen más posibilidades de hacerlo eficazmente. Aprender de su ejemplo.

Sirva lo anterior para destacar recientes acontecimientos que vale la pena considerar.

Alexandria Ocasio Cortez, catapultada en poco más de un año a los primeros lugares de la política de su país, se hizo responsable por la presentación del Green New Deal, un proyecto de recuperación económico-social en base a medidas respetuosas del medioambiente y que aseguren la utilización de energías renovables y limpias. Un proyecto ambicioso, de enfoque global y de alcances hasta ahora nunca antes concebidos.

La presentación del plan la ubicó en el ojo de una tormenta de escala planetaria, provocó el pavor y la salida de tono de los grupos más conservadores de su país, y atrajo las críticas de los sectores más moderados de su propio partido, que no desaprovechan ninguna ocasión de cuestionar el ascenso inesperado de una mujer que para colmo es demasiado joven, tiene la piel demasiado aceitunada, habla español con demasiada frecuencia, y se atreve a decir que admira a la socialdemocracia europea.

Por supuesto, el plan no es una ocurrencia personal suya sino el fruto del trabajo conjunto de personas provenientes de las ciencias, la política y el activismo ambiental, pero AOC, no por casualidad, ha sido la figura elegida para representarlo y (esto no es menor) es quien se atrevió a hacerlo.  Porque no todo el mundo se atreve a desafiar los intereses que aparecen cuestionados.

Los símbolos no son creaciones inocentes.

El nombre mismo de Green New Deal alude al New Deal, el pacto social que el presidente Franklin Delano Roosevelt, en un acto al mismo tiempo desesperado y esperanzador, le propuso a su país en 1932. Los Estados Unidos (y algo similar estaba ocurriendo de este lado de la frontera) habían sido golpeados por la crisis económica del 1929 de tal forma que millones de personas lo habían perdido todo, y las estructuras productivas del país se encontraban paralizadas y al borde del colapso.

La crisis había evidenciado algunas de las carencias fundamentales de las economías en las que el Estado sólo juega roles subsidiarios y de las sociedades que carecen de estructuras de protección social sólidas.

Por esa razón, el pacto que FDR le propuso a su país implicaba dejar atrás las bases mismas con las que los EEUU se habían desenvuelto hasta entonces, para adoptar un modelo de desarrollo keinesiano, de intervención estatal en la economía y de creación de instituciones capaces de ofrecer alternativas a quienes estaban sumidos en la miseria y la desocupación.

Pese a las críticas con que fue recibido desde los sectores más conservadores de la época, el New Deal produjo resultados asombrosos. Uno de ellos, el crecimiento de la economía estadounidense a una tasa de casi el 8% desde el año siguiente a su aplicación y durante toda una década. Otro, el surgimiento de las clases medias y los sistemas de seguridad social que de alguna forma vertebraron a la sociedad norteamaricana hasta su debilitamiento operado a partir de la Era Reagan.

Por todo eso que aún está vivo en la conciencia de la sociedad estadounidense, la elección de las palabras New Deal no ha sido casual ni inocente. La propuesta presentada por AOC propone el rescate de un medioambiente degradado hasta límites peligrosísimos y al mismo tiempo un acuerdo para la construcción de sociedades más justas y solidarias. Un pacto valiente y esperanzador para sanar y revitalizar todo el cuerpo social, enfocado no en las conveniencias de corto plazo sino en el bienestar y la dignidad de las personas y el respeto por el único planeta que se nos ha dado.

Que la imagen elegida para la presentación del New Deal del siglo XXI haya sido esa mujer latina joven, sencilla, inteligente y arriesgada, es algo que debería servirnos de inspiración  y orgullo.

HORACIO TEJERA Comunicador y activista comunitario, Coordinador de los proyectos Cuéntame.