Reforma del sistema electoral: la vida (y las encuestas) nos dan sorpresas

¿Quién hubiera dicho, 6 meses atrás, que el primer efecto visible de las elecciones federales celebradas el 21 de octubre, serían un inesperado y rotundo aumento en el porcentaje de canadienses que apoyan el cambio (eternamente postergado) de sistema electoral?

Fuente: Angus Reid Institute

¿Quién se hubiera atrevido a predecir que el porcentaje de votantes del Partido Conservador, que han sido tradicionalmente opuestos a cualquier reforma de ese tipo, se iba a más que duplicar en tan poco tiempo?

Nadie, por supuesto. Porque habitualmente, quienes se han visto visiblemente perjudicados por el obsoleto sistema conocido como First Past The Post, han sido los partidos que obtienen el tercer y cuarto lugar, que como vimos en varias notas que le hemos dedicado al tema, alcanzan una representación parlamentaria mucho menor a la que les corresponde.

Se perjudican también (como si lo anterior fuera poco) casi 9 millones de electores de todos los partido (los que ganan y los que pierden) ya que bajo el sistema actual no obtienen representación alguna. Y se perjudica la calidad de la democracia ya que mediante el FPTP se obtienen mayorías artificiales, se promueve el llamado “voto estratégico” con el cual se perpetúa un bipartismo “de facto” que no da cuenta de la diversidad y la pluralidad de opiniones que conforman el cuerpo social, y se logra que amplios sectores de la población, en especial los jóvenes y las “minorías visibles”, pierdan confianza en el sistema y pasen a engrosar las filas del abstencionismo.

En 2017 el Partido Liberal había decidido (casi sin sentirse obligado a dar explicaciones) considerar inconvenientes las mismas reformas del sistema electoral que habían estado entre sus principales propuestas de campaña en 2015, y por lo tanto la posibilidad de que Canadá reformulara su sistema electoral haciéndolo más representativo, justo y confiable, parecía destinada a un nuevo y seguramente largo aplazamiento.

Sin embargo, a partir de los resultados de las elecciones de octubre y las evidentes distorsiones que ocasiona el sistema FPTP, que esta vez no sólo han afectado al tercer y cuarto partido sino que han perjudicado también al primero, se han producido cambios en el estado de ánimo de los electores canadienses.

Este pasado 21 de noviembre, el Angus Reid Institute, una institución especializada en el análisis de opinión pública, dio a conocer los resultados de una investigación que muestra que quienes reconocen hoy la necesidad de una reforma del sistema electoral son el 68%, un aumento del 21% con respecto a quienes opinaban lo mismo en 2016.

Y lo que permite deducir que ese notable cambio tiene que ver con los resultados de las últimas elecciones es que el mayor aumento se ha dado entre los votantes del Partido Conservador, que han sido tradicionalmente los más renuentes a aceptar un cambio de ese tipo.

Un alto porcentaje de los votantes conservadores y un porcentaje menor pero de todos modos considerable de votantes de los otros partidos, ha considerado por largo tiempo que el sistema de representación proporcional es difícil de entender y haría necesarias las coaliciones y acuerdos interpartidarios, que perciben como algo demasiado complejo y alejado de su noción de la política, pero los resultados de octubre podrían ser una especie de parteaguas en ese sentido.

El total de quienes desean una reforma del sistema electroal, que en 2016 era de 49%, es hoy del 68%, en tanto que cuando se analizan las cifras por partido los resultados son los siguientes:

Los votantes conservadores (que se han visto ligera pero decisivamente perjudicados en el último acto eleccionario) que desean suplantar el First Past The Post por un sistema de representación proporcional han pasado de un magro 28% a un contundente 69%.

Los votantes del Partido Liberal, que se han beneficiado esta vez con la permanencia del sistema, han pasado del 49% al 55%.

Los partidarios del NDP y del Partido Verde (usualmente los más perjudicados y los mayores sostenedores de la necesidad de reformar el sistema), son hoy un 20 y un 21% más que tres años atrás, en tanto que los del Bloc Quebecois, que en esta oportunidad se vio favorecido, han aumentado en menor proporción: del 60 al 68%.

Estos porcentajes, que evidentemente están matizados por el hecho de que el FPTP, siempre que pejudica a algunos beneficia a otros, muestra sin embargo un cambio sustancial en el modo en que los canadienses ven a su sistema electoral en particular y a su sistema polítco en general.

Se trata de un cambio no sólo significativo, ya que en cada uno de los partidos más del 50% apoya la reforma, sino que es además auspicioso. Y por supuesto, reconfortante para quienes vienen advirtiendo, desde hace mucho tiempo, las carencias del viejo sistema y la necesidad de modificarlo.

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