Una historia de la NBA: Taurean, el chico sin hogar

“Era una de esas noches oscuras y frías en San Angelo. Anthony Prince esperaba a su hijo en la puerta del centro de acogida que Salvation Army tiene en el número 215 de Gilis Street en la ciudad texana. Taurean había salido al parque a jugar al baloncesto con sus amigos cómo cada día pero esta vez llegaba tarde. Anthony sabía que a las diez de la noche el centro cerraba sus puertas y que de ser así, padre e hijo deberían buscar un lugar en el que dormir aquella noche.
Algunas veces el staff del Salvation Army se había apiadado de ellos pero en este caso no fue así y para cuando Taurean llegó a aquel sitio que llamaban hogar, este había cerrado. Esa noche, como muchas otras a lo largo de aquel año, Anthony y Taurean tuvieron que dormir en la calle, a la intemperie y sin saber lo que les esperaría al día siguiente”.


Así comienza la excelente nota que Martín Santana preparó para la serie 30 historias de la NBA acerca de la vida de Taurean Waller-Prince nacido en San Marcos, Texas, el 22 de marzo de 1994.

La serie enfoca a treinta estrellas del basket norteamericano, y a través de sus biografíasn nos lleva por un paisaje que abarca diversos continentes y culturas, situaciones socioeconómicas muy duras y de vulnerabilidad extrema, y ese toque de magia que da, en ocasiones. tener la estatura adecuada y las cualidades físicas necesarias como para que alguien vea en un adolecente más, una potencial estrella.

Son historias que hablan de privaciones, resiliencia y buena fortuna, de esfuerzo, entrenamiento duro y azar, relatos acerca de jóvenes que pudieron escapar de la pobreza o evitaron caer en conductas de riesgo o en la delincuencia simplemente porque la vida les había regalado algo que otros no llegaron a tener.

Son por lo tanto historias con final feliz, que nos recuerdan que no todo es gris sino que a veces lo impensado brilla, aunque también nos dejan ver con claridad el trasfondo que hay detrás de cada uno de esos relatos: las historias de los que no tienen quién las cuente. Las historias de los que también hubieran querido brillar pero no eran tan altos… los que no parecían ser suficientemente ágiles… los que tuvieron que dejar el colegio pero no para entrenar y transformarse en campeones, sino para trabajar en empleos miserables.

Así comienza la excelente nota que Martín Santana preparó para la serie 30 historias de la NBA acerca de la vida Taurean Waller-Prince nacido en San Marcos, Texas, el 22 de marzo de 1994.

La serie enfoca a treinta estrellas del basket norteamericano, y a través de sus biografíasn nos lleva por un paisaje que abarca diversos continentes y culturas, situaciones socioeconómicas muy duras y de vulnerabilidad extrema, y ese toque de magia que da, en ocasiones. tener la estatura adecuada y las cualidades físicas necesarias como para que alguien vea en un adolecente más, una potencial estrella.

Son historias que hablan de privaciones, resiliencia y buena fortuna, de esfuerzo, entrenamiento duro y azar, relatos acerca de jóvenes que pudieron escapar de la pobreza o evitaron caer en las conductas de riesgo o la delincuencia simplemente porque la vida les había regalado algo que otros no llegaron a tener.

Son por lo tanto historias con final feliz, que nos recuerdan que no todo es gris sino que a veces lo impensado brilla, aunque también nos dejan ver con claridad el trasfondo que hay detrás de cada una de esas historias: las historias de los que no tienen quién las cuente. Las historias de los que también hubieran querido brillar pero no eran tan altos… los que no parecían ser suficientemente ágiles… los que tuvieron que dejar el colegio pero no para entrenar y transformarse en campeones, sino para trabajar en empleos miserables.

Muchas histrorias de atletas que llegaron a la NBA, nos dice Martín Santana en su nota, son historias duras, pero la de Taurean, fue particularmente difícil.
Sus padres se habían separado cuando él y su hermana eran muy pequeños y habían quedado a cargo de Tamiyko, su madre, en San Antonio.

Sus padres se habían separado cuando él era aún un niño y tanto Taurean como su hermana se quedaron con su madre Tamiyko en San Antonio. El sueldo de su madre no era suficiente como para que vivieran los tres, Taurean debió madurar precozmenteo, realizar pequeñas tareas dentro y fuera de su casa, y cuidar a su hermana.

Aquello no era algo extremadamente inusual en la zona de San Antonio en la que vivían, pero de todos modos Taurean no llegó a tener nunca una infancia como la de sus compañeros de clase y por esa razón no le resultó demasiado doloroso dejar el hogar de su madre a los 12 años para pasar a vivir con su padre y su abuela en la vecina localidad de San Angelo.

Y en efecto, los primeros tiempos en aquel nuevo hogar, bajo el cuidado de su abuela, parecieron augurar una época de estabilidad y bienestar para aquel chico que ya comenzaba a destacarse entre sus amigos tanto por su estatura como por sus dotes para jugar al basquet.
Sin embargo, aquella estabilidad no fue duradera.

Anthony Prince había tenido frecuentes problemas con la policía, entrando y saliendo de prisión, pero había quedado nuevamente en libertad y se disponía a encaminar su vida.

Padre e hijo habían ido a vivir con la madre de Anthony pero al poco tiempo un cáncer de mama acabó con su vida, lo que los dejó nuevamente sin hogar.

Durante algunas semanas vivieron en casa de una joven que había conocido Anthony pero tras un fuerte altercado aquella chica le exigió a su padre que se fueran y se encontraron, una vez más, en la calle.

A lo largo de muchos meses, tanto Taurean como su padre vivieron gracias a la generosidad de la Salvation Army pero decidió no contárselo a nadie, ni siquiera a su madre. El joven Prince no quería dejar solo a su padre y tenía claro que, en caso de que su madre se enterara, le haría volver inmediatamente con ella a San Antonio.

Aquellos resultaron días difíciles para ambos y su padre aún hoy recuerda el caracter positivo del joven y el modo en que lo alentaba a seguir adelante, pero como nos relata Martín Santana:

“Pese a que Taurean no quería separarse de su padre, cuando llegó a octavo grado su permanencia con él resultó inviable. A Anthony le pillaron firmando cheques falsos para poder cobrarlos y finalmente se entregó a la policía. Antes de hacerlo, pidió a la madre de uno de los mejores amigos de su hijo que acogieran a Taurean. Los Thompson le dieron una habitación, comida y en definitiva, un hogar. Con ellos pasó algunos de los mejores años que Prince recuerda, sintiéndose como uno más de la familia y pudo terminar su educación en Lincoln Middle School. Su amigo Bowdy, que le acogió durante ese tiempo, recuerda su sorpresa cuando mucho después descubrió que Taurean había estado viviendo en la calle sin contárselo a nadie: “Saber que Tau’ había tenido esos problemas me rompió el alma”.

Luego de finalizada la middle-school Taurean volvió a casa de su madre en San Antonio. Hasta ese momento la falta de estabilidad y de recursos habían significado un obstáculo insalvable para que el chico practicara su deporte favorito con cierta regularidad, y en el momento en que parecía posible que comenzara a hacerlo, nuevamente su vida sufriría un vuelco. Tamiyko estaba embarazada de una pareja que había conocido un tiempo atrás, pero cuando estaba a punto de dar a luz, aquel hombre participó de un tiroteo y fue asesinado.

Esta historia, por supuesto, continúa. Podrás seguirla en Correo, ya que nos proponemos hacer que poco a poco conozcas la NBA por dentro.

Lois es una conocida reportera que fue capaz de desempeñar tareas típicamente masculinas en una época en la que las mujeres aún estaban limitadas a la esfera doméstica y totalmente apartadas de la esfera pública. Y si bien se trata obviamente de un pseudónimo utilizado por alguien que no desea ser reconocido/a, en Correo estamos orgullosos de sus colaboraciones.