Día Internacional de la Mujer, conmemoración, no celebración

Monica Percivale
Monica Percivale

MONICA PERCIVALE*

Gracias a una Declaración de las Naciones Unidas desde 1975 se reconoce el 8 de Marzo como el Día Internacional de la Mujer en la mayoría de los países del mundo. Sin embargo poco y nada se habla de el origen de dicha fecha , y menos aun de que no sea una celebración sino un recordatorio de la dura lucha de las mujeres por alcanzar lo que hasta aun hoy parece una utopía, que se nos reconozcan los derechos a los que tenemos derechos por haber nacido humanas.

Sin embargo muchos años antes de que la Organización de las Naciones Unidas graciosamente nos concediera un día al año para celebrar nuestra condición, a lo largo y ancho del mundo, cientos sino miles de mujeres históricamente habían trabajado y hasta sacrificado su vida en la ardua pelea por la igualdad.

En Agosto de 1910 se realizo en Dinamarca la Primer Conferencia de Mujeres Socialistas, de allí y de la mano de Clara Zetkin de institucionalizo el 19 de Marzo como el Día Internacional de la Mujer Trabajadora, promoviendo la lucha por la igualdad laboral, el derecho a la formación profesional y al voto y a ocupar cargos públicos.
Paradójicamente unas semanas después de que se celebrara dicho día por primera vez en 1911, se produce el incendio en la fábrica de camisas Triangle en Nueva Cork, donde mueren 146 mujeres, la mayoría inmigrantes italianas y judías. Dicho incendio fue provocado por las deplorables condiciones laborales impuestas por los dueños de la textil.
Este accidente siniestro dio lugar a la creación del Sindicato de Mujeres Trabajadoras.

En 1917 como protesta frente a los mas de dos millones de soldados rusos muertos en la Primer Guerra Mundial, las mujeres rusas escogieron el ultimo domingo de Febrero para manifestarse en demanda de ‘Pan y Paz”; salieron a la calle y una vez que sus protestas llegaron a la sede del Gobierno desde allí surgió la orden de reprimir, los soldados que empuñan las armas no tienen frente a soldados enemigos sino a sus propias madres, hermanas, novias y hasta hijas.
El 8 de Marzo, los soldados giran sus fusiles y con ellos la historia. El pueblo ruso se arma y da comienzo la revolución que terminaría con la abdicación del Zar.

Varios han sido los hitos históricos en la lucha por los derechos de la mujer a lo largo de los años, ser consideradas personas, el derecho al sufragio, y a la propiedad, etc.
Muchos son aun los derechos que se nos niegan, a diario, a pesar de las declaraciones rimbombantes de organismos internacionales que hasta designan secretarias enteras a nuestro servicio pero que poco efecto tienen en la vida cotidiana de miles de millones de mujeres que pelean y mueren en el intento por erradicar la mutilación genital en África, por acceder a un hogar digno y en paz en las zonas de conflicto, porque se les respete su derecho mas básico – el de la vida- en las comunidades aborígenes en Canadá, por acceder al mismo salario de los hombres cuando con la misma capacitación realizan la misma tarea. O simplemente a no vivir en medio del miedo que genera la violencia de género solo por ser mujeres en cualquier rincón del planeta.

En esta semana, luego del 8 de Marzo, como trabajadora comunitaria, como inmigrante, como comunicadora social, y simplemente como mujer, conmemoro no solo la lucha pasada que me permite hoy gozar de mis derechos, sino la presente que cobra vidas al mismo momento que mis dedos plasman palabras en la pantalla. Conmemoro no celebro. La celebración vendrá cuando no nos quede un solo derecho por el que pelear, ni una sola mujer muerta en dicha lucha que llorar.

*Periodista y trabajadora social, uruguaya, radicada en Toronto.