Anne Hidalgo, una mujer capaz de imaginar una ciudad diferente

Ahhh… (podría sorprenderse quien comienza a leer esta nota…) esta señora tiene apellido hispano pero es la alcaldesa de París… ¿y a quién en Toronto le puede importar qué hacen en París con su ciudad?

A nosotros, por supuesto, sería la respuesta. Mirar el mundo y lo que en él pasa siempre ha sido, además de entretenido, útil. Porque es así como se aprende.

Es de ciudadanos y ciudadanas responsables tener una idea de qué soluciones se le buscan en otros contextos a los mismos problemas urbanos que nosotros padecemos. Es así como se puede determinar si lo que aquí se hace es razonable o no, opinar sobre cuál es el tipo de comunidad en la que deseamos vivir, y juzgar en qué medida se nos está tomando en cuenta cuando se adoptan políticas públicas que nos afectan.

Pero además, la serie de propuestas que Anne Hidalgo ha comenzado a desarrollar para transformar París en una ciudad en la que todo esté a 15 minutos de distancia, en la que no sólo haya calles peatonales sino en la que existan barrios enteros que se puedan recorrer a pie sin tener que pedirle permiso a los automóviles, y en la que para 2024 el 100% de las vías de tránsito tengan espacios preferenciales para transitar en bicicleta, tiene mucho que ver con una canadiese. Una mujer que pensó y escribió sobre su ciudad de adopción, Toronto, hace ya 60 años: Jane Jacobs.

La nueva planificación urbana que se propone hacer de París una ciudad ecológica, con aire puro, en la que los espacios estén pensados para ser vividos y no solamente transitados, en la que los “parking lots” sean sustituidos por espacios verdes, en la que los niños sean el centro de interés, y en la que el tiempo de las personas cuente, está basada en las investigaciones de Carlos Moreno cientista social especializado en “ciudades inteligentes” de la Sorbonne, que ya ha colaborado en las renovaciones urbanas de ciudades de los Países Bajos como Groningen y Utrecht.
Carlos Moreno, a su vez, se inspiró en el trabajo de la autora y activista canadiense de origen estadounidense Jane Jacobs que a partir de su libro The Death and Life of Great American Cities, publicado en 1961, popularizó el concepto de “ciudad para ser vivida” y la idea de que para que los habitantes de una urbe la sientan realmente suya, ésta debe facilitar al máximo las posibilidades de interacción y familiaridad, y evitar el desarrollo de “zonas en las que viven unos y zonas en las que viven otros”. Estas ideas de Jacobs, que en su momento revolucionaron la visión de cómo las ciudades debían ser concebidas, fueron a su vez incorporadas a los estudios de un geógrafo sueco, Torsten Hägerstrand.

Torseten Hägerstrand, que ya había comenzado a ser considerado una autoridad en temas de migración, inmigración y difusión cultural, desarrolló a partir del trabajo de Jacobs, el concepto de “Time Geography” a partir del cual se comenzó a considerar el tiempo que las personas deben utilizar para trasladarse de un lugar a otro como una variante fuundamental a ser tenida en cuenta en la planificación urbana. Para esa corriente, no se trata de cómo asegurarle a la gente que podrá adquirir un automóvil en el que deberá encerrarse varias horas cada día para trabajar, estudiar o hacer sus compras, sino por el contrario, es necesario diseñar espacios urbanos que hagan innecesario el automóvil y que transformen esas dos o tres horas al día en las que la gente se encierra y se ensimisma, en tiempo vivido en paz y en conexión con los demás. Es decir en salud física, mental y espiritual.

¿Y entonces qué?

La Ciudad de los 15 minutos, al decir de Moreno, implica no solamente un cambio profundo de la planta física de la ciudad, sino sobre todo en la psique de sus habitantes. En su modo de percibir lo que realmente importa, en el valor de las cosas y las vidas, en su relación con el consumo y con el dinero.

La hiper-proximidad implica la sustitución de los gigantescos “malls” en los que el espacio está saturado de mil artilugios que nos inducen a comprar aún lo que no necesitamos, por comercios de cercanía, a una distancia de nuestros hogares que se puedan cubrir caminando o en bicicleta.

Las ciudades, como ha explicado Hidalgo en las conferencias de prensa de fines de enero en las que ha hecho público el plan, todavía se siguen desarrollando en base a dos criterios que han demostrado ser inviables y contraproducentes. En primer lugar, el que nos hizo creer que en base a una movilidad desaforada basada en el consumo creciente de combustibles fósiles, estábamos mejorando nuestra calidad de vida, cuando en realidad lo que ha sucedido es que esa calidad de vida disminuye, al tiempo que se continúa agravando una crisis climática ya inocultable. El segundo criterio que debería ser abandonado es el que ha determinado que el urbanismo quedara en manos de desarrolladores privados, más interesados en vender ilusiones y expandir el área geográfica de las ciudades, que en colaborar para que nuestra vida en ellas sea más feliz.

Para esta parisina nacida en un pequeño pueblo cercano a Cádiz, en Andalucía, y nieta de republicanos españoles que debieron exiliarse en Francia al finalizar la Guerra Civil, su ciudad de adopción importa. Sus abuelos no llegaron nunca a sentirse bien en ella. Decidieron retornar a España junto con sus 4 hijos, pero aquel viaje de regreso determinó el fallecimiento de su abuela y llegados a destino su abuelo fue arrestado y condenado a morir fusilado. La pena de muerte le fue conmutada por cadena perpetua, pero sus hijos, entre los que estaba el padre de Anne, debieron quedar a cargo de sus familiares, lo que determinó una vida llena de privaciones y renunciamientos. Y años después, cuando la hoy alcaldesa ya había nacido, sus padres emigraron nuevamente y la llevaron con ellos a París. Por eso, por todo lo que le costó a su familia encontrar un lugar amable donde estar, es que a Anne Hidalgo la ciudad le importa.

Hay trayectorias de vida que enseñan a tomar riesgos y ese parece ser su caso. Su campaña por la reelección como alcaldesa de una ciudad de 13.000.000 de habitantes, referencia mundial de la cultura, la economía, la política, la gastronomía, la moda y la arquitectura, se basa en un plan que invita a cambiar la vida de sus habitantes desde sus raíces. Es una apuesta arriesgada que si bien pone en riesgo su carrera como alcaldesa, nos la muestra ya como estadista.