¿De qué color fue el primer episodio de una América Latina independiente?

Ubiquémonos en 1791. Faltan todavía 20 años para que, alrededor de 1810, comiencen los pujos independentistas en nuestra América. En aquel momento prácticamente nadie piensa en esas cosas… Nadie siquiera sueña con algo tan peligroso e improbable.

El 14 de agosto de ese año, en los galpones de una plantación de azúcar en Bois Caïman, cercana al pequeño poblado que rodeaba al puerto de Saint Domingue, un esclavo conocido como Duty Boukman -un nombre derivado de que quizás sabe leer-, le habla a los demás en medio de la oscuridad más absoluta, mientras celebran una ceremonia religiosa.

Sus palabras les recuerdan el dolor que sienten, el desprecio y los golpes que viven hora tras hora y día tras día, los hijos que les roban o que sus mismas madres elijen matar en cuento nacen para que no sufran lo que ellas…

Apenas amanece, con las primeras luces, 200 hombres y mujeres enfurecidos y sedientos de justicia marchan hacia la costa, quemando las haciendas y los plantíos que encuentran a su paso.
Aquellos sublevados fueron los primeros, pero para el 21 de agosto ya se les habían unido los esclavos de otras haciendas y los fugados que vivían en los montes y entonces el fuego y la ira alcanzó a todos los rincones de aquella tierra de verdor maravilloso que hoy es Haití.
Aquella parte de la isla La Española era por entonces la posesión colonial más rica de Francia.

Allí se producía un tercio de todos los ingresos de las arcas del reino y en sus 800 ingenios se procesaban dos tercios del azúcar que consumía el mundo.

Existían 3100 haciendas dedicadas a la producción de café, y sus 789 plantaciones de algodón abastecían los primeros telares con los que, en Inglaterra, se estaba iniciando la Revolución Industrial.
Toda aquella riqueza asombrosa, provenía del sacrificio de medio millón de esclavos y esclavas secuestrados en Africa, que debían ser reemplazados continuamente con nuevos embarques ya que las condiciones de trabajo y la crueldad inenarrable con la que se los trataba, hacía que pocos de ellos soportara con vida más de diez años.

Aquella sublevación que comenzaron los esclavos de Bois Caïman, fue la primera y única rebelión de esclavos exitosa de la historia y la primera revolución independentista de América Latina.
Pero fue además la más radicalmente sincera, ya que sus protagonistas no se limitaron a adoptar los ideales de la Revolución Francesa de Libertad, Igualdad y Fraternidad, ni se conformaron con repetir la fórmula estadounidense de que “todos los hombres son creados libres e igualess”, sino que abolieron la escavitud y el trabajo servil, algo que ni los revolucionarios franceses ni los norteamericanos se habían atrevido a hacer.

Aquel año de 1791 había dado comienzo una guerra que se prolongó durante 13 años ya que Francia no se resignaba a perder aquella fuente de ingresos, pero además, España, desde sus posesiones en la otra mitad de la isla hizo esfuerzos por recobrar su dominio sobre la totalidad del territorio, Inglaterra intentó apoderarse de lo que Francia era incapaz de mantener, y los EEUU recién formados, sabotearon de todos los modos posibles a aquellos esclavos que tan mal ejemplo le daban a los suyos.

Las tres principales potencias militares europeas de la época fueron humilladas una y otra vez por aquella población de insumisos y desesperados que, con la ayuda de los mosquitos y la fiebre amarilla desbarataron todos los intentos por volverlos a la esclavitud.
Las bajas estimadas entre la población negra (de todas las edades) superaron las 200.000, casi el 50% del total, en tanto que las muertes entre colonos blancos, soldados franceses, españoles, británicos e irlandeses, sumadas a algunas guarniciones polacas enviadas en auxilo de las tropas francesas, sobrepasó las 150.000.
El primero de enero de 1804, finalmente, en un territorio arruinado económicamente y socialmente devastado por los 13 años de guerra ininterrumpida, se proclamó la independencia de Haití, que comenzaba se vida como nación soberana en medio de conflictos internos y con una maldición que dura hasta hoy.

Las potencias que habían sido vencidas en los campos de batalla se encargaron de prestarle a aquella nación que nacía postrada, el dinero necesario para la recuperación económica, pero imponiendo condiciones que lo tornaban impagable, ya que, además, y mediante presiones militares, consiguieron que Haití aceptara pagar a los antiguos amos, el valor de las plantaciones que habían abandonado ¡y el de los esclavos que habían perdido!

Así y durante más de un siglo y medio Haití debió pagar aquellas deudas a costa de la miseria creciente de su población y de la degradación de su medioambiente, hasta transformarse en lo que conocemos hoy: uno de los países más empobrecidos y maltratados del planeta.

Ese fue el precio que debieron pagar por haberle dado a la futura independencia de las naciones latinoaericanas un color negro que aún hoy, increíblemente, como si nos avergonzara, nos negamos a reconocer y a volorar.

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