Rafael Rodríguez: un genio venido del Sur

NORMAN ORREGO*

Don Rafael Rodríguez, este genio uruguayo, llegó a Canadá en 1969, vino aquí como experto en soldadura sin que pasara por su mente quedarse ‘soldado’ a este país – como decía un buen amigo mío.
Ha sido un hombre de admirar, no sólo por sus proyectos gigantescos en su oficio técnico –los cuales han sido siempre un reto y nunca ha sabido decir no. Como aquella vez en que le encomendaron hacer un enorme remolque para un bote descomunal, y sin haber fabricado nunca algo semejante, terminó  construyendo una auténtica pieza de ingeniería marítima.
Pero también ha asumido otros retos, y ha probado sus dotes artísticas en  la pintura, la escritura y la poesía.
És que él se le mide a todo, y en todo ha sido muy profesional.  Así ha sido en el fútbol (como buen uruguayo); no sólo como jugador, sino como árbitro local por 20 años.  Y durar dos décadas en esa labor tan difícil es mucho decir, porque en la misma se requieren carácter y valentía, además del conocimiento no sólo del reglamento, sino entender el fútbol desde adentro, en su verdadera esencia.
De extracción humilde pero con profundos valores, don Rafael ha sabido sortear las dificultades propias de su tiempo y condición. Y es que con 83 años acabados de cumplir, su fortaleza y lucidez lo hacen parecer como un hombre de 20 o 30 años menos.  Las personas que se enteran de su edad, sólo alcanzan a extrañarse y decir: “¿en serio? yo le ponía mucho menos”. Y eso que no han sido pocos los retos a su salud; para contar solamente uno, desde hace varias décadas está viviendo con un riñón, el que además le fue transplantado.
El secreto para tan larga, lúcida y saludable vida es una fórmula sencilla: comer de todo y hacer ejercicio – don Rafael camina diariamente algunos kilómetros, llueva, truene, caiga nieve o estando a  menos 20 grados.  él dice también que es una cuestión mental: “ser siempre positivo, no odiar a nadie y enfrentar los problemas con una sonrisa”.
Ante todo, don Rafael es un buen amigo, y lo único que espera es que le retribuyan esa amistad. Y aunque en sus múltiples facetas cotidianas ha tenido que ser de carácter duro, su sensibilidad siempre está a flor de piel, para derramar una lágrima o decir una palabra de cariño en el momento adecuado.

* Empresario colombiano y profesor de idiomas en Toronto.