Mujeres, igualdad, y visibilidad en un marzo muy diferente

Al elegir las fotos que acompañan este texto hemos prescindido de las que nos muestran, desde los últimos pisos de altos edificios o desde drones o helicópteros, la enorme multitud de mujeres congregadas en todo el mundo y en especial en el mundo iberoamericano este último 8 de marzo.

Dos millones en Santiago, cifras cercanas al millón en Madrid, en Buenos Aires o en México, decenas de miles en una pequeña urbe como Montevideo, son un dato que muestra a las claras lo que ya es evidente: el movimiento feminista es hoy el único movimiento transversal (que atraviesa orígenes étnicos, orientaciones políticas, geografías y clases sociales) verdaderamente renovador y de alcance global.

En lugar de esas fotografía panorámicas hemos elegido, en esta oportunidad, fotografías de proximidad. Rostros, gestos, actitudes, movimientos, palabras, de mujeres en su mayoría jóvenes, en ocasiones casi niñas, que despliegan sus reclamos y reivindicaciones en 9 ciudades de nuestra América (queda como ejercicio y desafío a la perspicacia de nuestras lectoras y lectores descubrir cuáles son).

En algunas de estas imágenes aparece la exigencia por igualdad y por el respeto a las decisiones en materia sexual, en sintonía con el lema propuesto para este año por ONU Mujeres “Somos la Generación Igualdad”.

En otras se evidencia el reclamo por la legalización de la interrupción voluntaria del embarazo o la resistencia decidida y activa en contra de la desigualdad programada y las repugnantes resacas dictatoriales que todavía perviven.

En dos de ellas, el tema presente es el de la conservación del único lugar en el que la humanidad puede vivir, amenazado por el descontrol extractivista y consumista de sociedades en las que la producción y las ganancias importan siempre más que el aire que respiramos.

Y en otras, la preocupación está centrada en la violencia machista, el femicidio y en las mujeres que ya no están por haber sido sus víctimas.

Hay símbología religiosa y laica, hay símbolos nacionales y plurinacionales, hay consignas políticas y ambientalistas, expresadas en español y en inglés, pero si tuviéramos el espacio suficiente podríamos haber incluido una diversidad mucho mayor y aún más demostrativa de la inclusividad del movimiento.

Esa enorme diversidad de propuestas, colores de piel, opciones sexuales o edades unificadas sin embargo en un común reclamo de igualdad y humanismo lo han hecho las mujeres trabajando durante décadas, prácticamente solas. Y no sólo solas, sino en contra de sociedades androcéntricas y patriarcales que les han sido hostiles siempre que han podido, y hasta extremos muchas veces inconcebibles. Extremos que incluyen desde el encierro en hospitales psiquiátricos o la violencia sexual carcelaria, hasta la muerte.

Este 8 de Marzo, además (y esto es motivo de otra nota en esta misma edición) en muchas de las ciudades en las que las mujeres salieron a la calle, este acto ha sido el último previo a la clausura casi total de las actividades públicas que ha provocado una nueva pandemia, el Covid-19, que amenaza con hacernos repensar muchos de los postulados que nos han vendido como necesarios y de sentido común (la privatización de los servicios de salud, las políticas de recortes de servicios y de austeridad fiscal, el desprecio por las actividades de cuidados, la sustitución de la democracia por el gobierno de quienes tienen capacidad de comprarlo todo, etc. etc.)

Cuando retomemos la normalidad y ya el coronavirus no nos asuste, cuando este impasse de aeropuertos vacíos, teletrabajo obligatorio y anaqueles de alcohol en gel vaciados por multitudes desinformadas haya terminado y volvamos a la vida de siempre, sucederá algo similar a lo del famoso microcuento del guatemalteco Augusto Monterroso*

“Cuando despertó, el feminismo todavía estaba allí”.

*Augusto Monterroso es el autor del cuento más corto conocido en lengua castellana: “Cuando despertó, el dinosaurio todavía estaba allí”. El texto, a pesar de su parquedad, cumple con todas las características necesarias para ser considerado un cuento.