Adultos mayores: protagonistas de un mundo en cambio

Por: LATIN@S EN TORONTO

Como consecuencia del éxito de las políticas de salud pública, los avances científicos y el desarrollo socio-económico en general, que determinan una mayor longevidad y una fuerte baja en las tasas de natalidad, el porcentaje de adultos mayores en nuestras sociedades, como veíamos en la página 5 de esta misma edición, ha estado aumentando en las últimas décadas. Se trata de una tendencia inseparable del desarrollo social y económico y por lo tanto no se la puede catalogar como negativa. Sin embargo plantea desafíos sociales e individuales, que no es posible desatender.

Geografía del envejecimiento

El llamado envejecimiento poblacional, y esto vale enfatizarlo debidamente desde el comienzo, se trata de un fenómeno que la humanidad enfrenta por primera vez en su historia como especie y para el cual, como es obvio, carecemos de experiencia acumulada.

Comenzó a ser un fenómeno perceptible en los países europeos ya en las primeras décadas del siglo XX, se consolidó como una tendencia irreversible en todo el mundo industrializado en los años posteriores a la Primera Guerra Mundial y hoy tiene sus mayores exponentes en Japón, la Unión Europea o Canadá.
De todas formas, los procesos de aumento de la edad promedio de la población ya están en marcha en la casi totalidad de los países en desarrollo, en los que el fenómeno se da de modo acelerado. En este sentido son paradigmáticos los casos de Cuba o Uruguay y en los últimos años Chile.

El caso de Canadá

En el caso de Canadá, las personas mayores de 65 años constituyen hoy el 15% de la población pero serán, dentro de 35 años casi el 25%, esperándose que el sector que registre un mayor aumento porcentual sea el de las franjas de más edad, es decir quienes presentarán mayores grados de vulnerabilidad.
Se añade a eso una estructura diferencial de acuerdo al sexo que determina lo que se conoce como feminización del envejecimiento. Las mujeres viven más tiempo que los hombres, pero dado que en general han generado menores derechos jubilatorios, sus grados de dependencia al llegar al último período de la vida son mayores y, como veremos en la página 9, eso presenta desafíos adicionales.

Para que el envejecimiento poblacional que, como decíamos, es una tendencia demográfica inherente al desarrollo, no se traduzca con el paso del tiempo en desequilibrios macroeconómicos y situaciones individuales y colectivas signadas por las carencias, el aislamiento, el abandono y el dolor, deberán hacerse, en los años por venir y sin que sus resultados se demoren, ajustes y reformas en los sistemas de Seguridad Social, en los sistemas de Salud, en la arquitectura y el urbanismo, en la legislación laboral y en los servicios de cuidados.

Las políticas públicas

Esos ajustes y reformas necesarias para que la sociedad se adapte a una nueva situación para la que, como decíamos antes no existe experiencia acumulada, no serán posibles (ni serían suficientes) sin un profundo cambio cultural que se traduzca en nuevas y diferentes formas de ver, estudiar y sobre todo vivir los procesos de envejecimiento y la vejez misma.

Por esa razón es necesario que esos nuevos enfoques en lo socio-cultural y su necesario correlato en  las políticas públicas:

  • favorezcan el reconocimiento de los derechos de los adultos mayores y su empoderamiento e inclusión social, en particular la de aquellos colectivos que han enfrentado situaciones de discriminación previas debido a su género, su etnicidad, sus creencias políticas o religiosas, sus orientaciones sexuales, etc,.

    – contribuyan a la solución de las situaciones de empobrecimiento, marginalización, falta de cuidados y soledad, sin caer en visiones normalizadoras que busquen imponer “modos correctos” de envejecer, ya que cada persona debe tener el derecho a vivir sus propios procesos vitales del modo que elija,

    – hagan énfasis en la necesidad de terminar con las estigmatizaciones y los estereotipos que dan visiones negativas y desvalorizantes de la vejez y faciliten la posibilidad de que se la viva activa, sana, y dignamente,

    – propicien el desarrollo de relaciones intergeneracionales y/o familiares signadas por el reconocimiento de que los adultos mayores son capaces de contribuir positivamente al bien común y están habilitados para tomar decisiones que deben ser respetadas,

    Todo lo anterior, que suena bien en el papel pero es extremadamente complejo de implementar, requiere de la participación activa de organizaciones, instituciones, medios de prensa y sobre todo, de las propias personas de edad, sin cuyo protagonismo cualquier tipo de iniciativa carecería de verosimilitud y base de sustentación.

    El equipo editorial de Correo  junto a la organización Latin@s en Toronto que viene trabajando desde hace años en programas de promoción del diálogo intergeneracional, la prevención del abuso, y la divulgación de estilos de vida activa y saludable,  se propone dedicar un espacio especial a estos temas, desde la óptica particular e irreemplazable de las personas de edad.
Latin@s en Toronto - communication for social development, está orientada a la construcción de capacidades que promuevan el empoderamiento de los sectores vulnerables. Correo cuenta con el asesoramiento de Latin@s en Toronto en el desarrollo de una nueva línea editorial y nuevos contenidos.