Segundo día de la visita del Papa Francisco en Chile, entre misas y conflicto de mapuches.

Después de una intensa jornada en Santiago, la visita del Papa Francisco estuvo dominada por los abusos sexuales en la Iglesia chilena, tema que venía en la agenda desde antes de aterrizar y por los que Francisco pidió perdón.

El segundo día, en Temuco, la capital de la Araucanía y corazón del conflicto mapuche, estuvo marcado por la quema de otras tres iglesias católicas y una evangélica protagonizada con toda probabilidad por grupos de este pueblo originario, el más importante del país, que reclama estas tierras tanto en Chile como en Argentina desde que fue arrasado a finales del siglo XIX.

Ocurrieron otros conflictos como la quema de tres helicópteros en una empresa de la zona y el intento de cortar la carretera donde resultó herido un agente de bala en el enfrentamiento.

El conflicto que enfrenta desde hace décadas las comunidades mapuches es por reclamar la devolución de tierras ancestrales que ahora están en manos privadas de empresas forestales o agrícolas.

En este ambiente de tensión, el Papa ofreció su multitudinaria misa en la zona más pobre de Chile, en la que fungió como mediador entre los mapuches que reclaman sus tierras y el Estado chileno, que combate con dureza los ataques e incluso les ha aplicado la ley antiterrorista, algo que ha recibido el rechazo internacional.

El Papa durante sus palabras, puso al mismo nivel dos tipos de violencia: la del Estado que incumple las promesas hechas a los mapuches y la de los grupos que atacan y queman todo tipo de instalaciones, lo que en ocasiones ha provocado incluso muertos.

“Existen dos formas de violencia”, analizó el Papa. “En primer lugar, elaborar bellos acuerdos que nunca llegan a concretarse. Esto también es violencia, porque frustra la esperanza. En segundo lugar, una cultura del reconocimiento mutuo no puede construirse en base a la violencia y destrucción que termina cobrándose vidas humanas. No se puede pedir reconocimiento aniquilando al otro. La violencia termina volviendo mentirosa la causa más justa”

Francisco dejó en claro que defendía los derechos de los mapuches, y llenó la misa de gestos hacia ellos. Inició la misa hablando en su lengua nativa, lo que provocó un enorme aplauso. Por otro lado un grupo de mapaches con sus vestidos tradicionales cantaba y ofrecía una ceremonia en honor del Pontífice en medio de la misa.

Tras la misa se reunió con algunos de sus representantes; y a la vez que defendía su causa y su derecho a reclamar las tierras que le fueron arrebatadas a sus antepasados, les exigía que pongan fin a la violencia, aunque no hizo una mención expresa a la quema de iglesias.

Cerró la misa dirigiendo unas palabras al pueblo chileno para subir los ánimos: “¡Cuánto conoce el corazón chileno de reconstrucciones y de volver a empezar; cuánto conocen ustedes de levantarse después de tantos derrumbes!”, dijo el pontífice en alusión a las catástrofes que cada cierto tiempo golpean a este país, uno de los más sísmicos y volcánicos del mundo.