Recordemos las vidas perdidas por la Covid-19

Toronto conmemoró el domingo 21 de marzo el primer aniversario de la primera muerte por la Covid-19 en la ciudad, y un año después, según fuentes oficiales, más de 2.750 personas han fallecido a causa del virus en el área citadina.

Con el fin de rendir homenaje a quienes sucumbieron a la enfermedad causada por el coronavirus SARS-CoV-2, el gobierno local organizó una ceremonia conmemorativa virtual al atardecer de ese día ,y el alcalde John Tory también declaró el 21 de marzo como un Día de Recuerdo por las Vidas Perdidas debido a la pandemia.

Las banderas en el Ayuntamiento y otros edificios de la ciudad se bajaron a media asta, y el letrero de Toronto en Nathan Phillips Square, la Torre CN y las Puertas de los Príncipes de Exhibition Place se iluminaron en blanco en recuerdo de los residentes que fallecieron a causa de este mal.

Pero no basta con rendir el justo homenaje que debemos a nuestros seres queridos muertos en este combate desigual contra una enfermedad que no respeta edades ni estatus social, aunque afecta con más dureza a la gente de bajos recursos y a aquellos que están en la primera línea de lucha por salvar las vidas de nuestros ciudadanos.

En este contexto, surgieron en los últimos días nuevos datos sobre el impacto psicológico de la pandemia en el personal que atiende a quienes padecen este mal que tanto horror causa a todos.

Medios de prensa locales revelaron en días recientes los resultados de una encuesta según la cual durante la primera ola de la pandemia, el 60 por ciento de las enfermeras de primera línea experimentaron síntomas de trastorno de estrés postraumático.

El dato, revelado por una pesquisa de la Asociación de Enfermeras de Ontario (ONA) enviada a 3.300 miembros, mostró que las que laboran en cuidados a largo plazo lucharon en centros asistenciales que tenían poco personal, ya que los residentes con Covid-19 se asfixiaban hasta morir y los pulmones funcionaban como si hubieran estado “llenos de cemento”.

La presidenta de ONA, Vicki McKenna, dijo que el impacto devastador de la pandemia en las enfermeras de primera línea solo ha empeorado desde la primera ola.

“Muchos miembros dijeron que están considerando abandonar el sector, o incluso dejar la enfermería por completo”, dijo McKenna.

ONA envió los resultados del sondeo a autoridades de Ontario y presentó otro informe, llamado Fatal Choices, escrito por un asesor principal de la Comisión del SARS-Cov-2, que concluyó que una “letanía de fallas” condujo a un alto número de muertes por esa enfermedad en instalaciones de cuidados a largo plazo.

De hecho, a pesar de los avances del proceso de vacunación, debemos seguir cumpliendo las medidas dictaminadas por las autoridades para evitar que se sumen muchos nombres más a la larga lista de fallecidos y de afectados psicológica y físicamente por la Covid-19, a la vez que nos preparamos para etapas posteriores en las que esta pandemia ya será parte de la historia de la humanidad.

Es precisamente sobre este regreso a la nueva normalidad que se refirió recientemente la miembro del parlamento federal Michelle Rempel Garner , quien señaló que todavía no existe claridad “sobre cuándo las familias pueden reunirse de manera segura, incluso para los canadienses vacunados, sin importar la orientación sobre las condiciones bajo las cuales todas las demás restricciones de Covid-19 se levantarían de manera segura y permanente”.

Según la parlamentaria, “un año después del comienzo de la pandemia, tenemos herramientas para saber cómo se transmite la enfermedad, y el gobierno federal necesita que Canadá cruce la línea de meta por el bien de la salud mental de todos los canadienses, pues las familias que están separadas a través de las fronteras necesitan saber cuándo pueden reunirse, y las tiendas de la calle principal merecen saber cómo y cuándo pueden dar la bienvenida a sus clientes habituales para siempre”.

Precisamente en honor a quienes murieron y a aquellos cuyas vidas cambiaron para mal tras sufrir la Covid-19, ahora más que nunca los ciudadanos deben seguir de manera estricta las disposiciones de las autoridades sanitarias, cuyo objetivo principal es cortar para siempre la cadena de transmisión de esta terrible enfermedad y reubicarnos de nuevo en la vida diaria, junto a nuestras familias y a la comunidad, para que podamos abrazar a nuestros familiares y amigos sin temor a morir.