Sexting: ¿a qué se exponen los adolescentes?

El sexting es una práctica común en la era digital. Tras las barreras de contacto y el aislamiento que trajo consigo la Covid-19, esta tendencia fue en aumento como una manera de mantener las relaciones de pareja a pesar de la distancia. Sin embargo, varios sicólogos advierten que esta tendencia viene acompañada de riesgos importantes, mucho más si quienes lo practican son nuestros adolescentes.

Sexting es un término que surge para definir la práctica de compartir mensajes, fotografías o vídeos de carácter sexual a través de internet aunque recientemente se usa más concretamente para el envío de imágenes propias de tipo erótico o sexual.

Los expertos en psicología recomiendan no demonizar esta práctica pues puede formar parte de una dinámica de pareja saludable siempre y cuando ambas partes sean mayores de edad.

El problema principal radica en que son los adolescentes y preadolescentes los que más se exponen a los peligros del sexting ya que son las etapas en que los jóvenes dependen más de sus celulares y comienzan a explorar su sexualidad.

El sexting se basa, al menos en un primer momento, en el consentimiento. Las imágenes se envían a personas que cuentan con la total confianza del emisor. Por ejemplo, a modo de juego erótico. El problema es posterior, cuando una de las partes decide exponer lo que ha recibido ya sea por venganza, celos, para encajar en el grupo de amigos o porque no existía desde un principio un interés en preservar la intimidad de la otra persona.

En ese sentido los expertos recuerdan que una vez que una imagen, video, audio o texto entra en la red ya se escapa de tu control. Debido a ello muchos adolescentes acaban convirtiéndose en víctimas de extorsión sexual lo que, en casos extremos, ha llevado a la víctima a atentar contra su propia vida.

Otro de los principales riesgos es el grooming o abuso sexual a menores a través de la red, una práctica en la que el agresor emplea las redes sociales para hacerse pasar por un menor y, poco a poco, ganarse la confianza del adolescente hasta llegar al envío o demanda de imágenes de contenido sexual. Este material se puede utilizar difundirlo, venderlo o extorsionar al adolescente.

En ese sentido el trabajo de padres, turores y educadores es fundamental. Lo más recomendable es el diálogo con el adolescente para explicarle los riesgos a los que se puede someter por compartir su intimidad a través de canales tecnológicos. Inculcarles respeto por su cuerpo y su intimidad es un primer paso necesario para que nuestros adolescentes disfruten de una vida sexual segura.

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