Triunfos modestos; auténticas proezas

¿Por qué esta foto? En primer lugar por su plasticidad y su maravillosa calidad de documento gráfico.

La jamaiquina Viola Goule está en el aire. Apenas su pie izquierdo retome contacto con la pista, le dará al resto de su cuerpo el impulso necesario para llegar a la meta y alcanzar la medalla de oro en 800 metos llanos. Se la ve confiada y aunque el gesto de su cara revela algo del esfuerzo realizado, se nota que está culminando una carrera que confiaba que sería suya desde antes aún de haber llegado a Lima. Sonríe ante la comprobación de lo que ya sabía.Jamaica ya nos tiene acostumbrados a eso, y que sus academias formen atletas imbatibles no puede sorprendernos.

A 5 centésimas de segundo de su vuelo, la cubana Rose Mary Almanza inclina su cuerpo en un esfuerzo final por conservar la ventaja de apenas una centécima de segundo que aún conserva sobre la uruguaya Déborah Rodríguez. Todo el resto de sus cuerpo queda detrás de su pelo y del pañuelo azul que lo sujeta. Parece dispuesta a zambullirse en los dos pasos que todavía la separan de la medalla de plata pero su mirada, concentrada en su zapatilla izquierda nos dice que aún duda de que ese segundo puesto pueda ser suyo.

Deborah Rodríguez, en cambio, no ha impulsado su cuerpo hacia adelante y la inclinación de su cabeza habla de cierta fatalidad dolorida. Sabe que obtendrá el bronce por haber perdido.

No vemos en la foto lo que ocurre detrás de ellas pero si lo viéramos comprenderíamos mejor la escena. Uno o dos metros detrás ha quedado la canadiense Lindsey Butterworth, resignada a dejar pasar a Déborah Rodríguez como una exhalación a su lado. Déborah, a pesar de haber liderado la competencia en un primer momento, había sido luego relegada por varias competidoras y en ese momento recuperaba posiciones sorpresivamente.
Y en los 100 metros finales sucedió algo más que estuvo a punto de determinar un resultado histórico ya que, de acuerdo a las velocidades que las tres punteras venían desarrollando, si la línea de la meta hubiera estado tres metros más adelante, la corredora uruguaya habría logrado quedar en primer lugar. Eso explica el gesto de quien se negó a hacer el esfuerzo último por alcanzar el segundo puesto. Su objetivo en el envión final había sido el primero.

Pero eso nos lleva a otros hechos que están embebidos en el gesto de Déborah en la fotografía y lo explican mejor.

Déborah Rodríguez tiene ya 26 años y no es seguro que le sea posible participar en los próximos Juegos Olímpicos, por lo que quizás ésta haya sido una de sus últimas carreras. Pero su estado de ánimo tiene además una relación íntima con lo acontecido en los Juegos Olímpicos de 2016. En esa ocasión, si bien se esperaba que alcanzara o superara sus marcas anteriores, no pudo hacerlo, y ello determinó un aluvión de críticas en las tristemente famosas redes sociales. Alusiones continuas e insultantes a su raza, a su familia y a su condición de mujer se volvieron virales en aquellos días entre quienes descargan lo peor de sí en el anonimato de las redes, pero el bochorno no terminó allí. Se la acusó de estar a sueldo del gobierno por recibir un muy poco significativo subsidio que compensaba su magro sueldo como empleada del Ministerio de Interior, las acusaciones llegaron al Senado de la República, y aunque finalmente se demostró que no tenían fundamento, la súbita baja en su popularidad derivó en que algunos de sus sponsors le retiraran su apoyo.

Según cuentan, Déborah Rodríguez lloró mucho, pensó en dejar de correr, hizo una terapia para tratar de recuperarse, y recibió, providencialmente, una invitación de una academia de los EEUU en la que entrenan las dos mejores corredoras de ese país.

Llegados a este punto, quizás está explicada la razón por la que hemos elegido esta fotografía y este momento preciso de una de las competencias de los juegos Panamericanos de Lima.

Participaron 6680 atletas de 41 países, en 420 competencias referidas a 39 deportes diferentes. Sólo publicaciones especializadas pueden cubrir eventos de esa magnitud y en Correo quisimos que en este espacio quedara reflejado el esfuerzo que realizan cada uno de los deportistas participantes y el esfuerzo que realizan también quienes no llegan a estas instancias.

Y destacar especialmente el esfuerzo de quienes representan a países que no pueden o no saben o no quieren darles el apoyo que merecen, y el empeño extra que ese esfuerzo insume en el caso de las mujeres. Y aún más, poner en primer plano el sacrificio de las mujeres que por pertenecer a sectores estigmatizados y relegados, como Déborah, cargan en sus espaldas dolores y frustraciones que hacen de sus triunfos, por modestos que parezcan, auténticas proezas.

Lois es una conocida reportera que fue capaz de desempeñar tareas típicamente masculinas en una época en la que las mujeres aún estaban limitadas a la esfera doméstica y totalmente apartadas de la esfera pública. Y si bien se trata obviamente de un pseudónimo utilizado por alguien que no desea ser reconocido/a, en Correo estamos orgullosos de sus colaboraciones.