De la tolerancia

Monica Percivale
Monica Percivale

MONICA PERCIVALE*

 

 

El Diccionario de la Real Academia Española dice  “Tolerancia: Nombre femenino. Respeto a las ideas, creencias o prácticas de los demás cuando estas son diferentes o contrarias a las propias.

 

Orlando no fue un acto terrorista, fue una muestra de cultura. De la cultura de la intolerancia. Esa cultura que nos alimenta a diario con el miedo a lo diferente, ya sea el color de piel, las creencias religiosas, las preferencias sexuales, el idioma o el lugar de origen.

 

La cultura del derecho al porte y tenencia de armas como algo esencial, esa tan arraigada en el tejido cultural mas básico de la población estadounidense, exacerbado por el odio generado por la propaganda mentirosa de la lucha por la libertad que no es otra cosa que marketing para la venta de esas mismas armas que semana a semana provoca masacres, cada vez mas históricas.

 

Pero no nos engañemos, Orlando no es privilegio vergonzoso de los Estados Unidos, es la casualidad geográfica de una realidad mundial de todo y de todos. Es la realidad de el rechazo al  derecho al matrimonio independientemente del genero de quien lo contraiga que tristemente rige aun en la mayoría de los países del mundo, ese que aun en las sociedades en que esta permitido debe enfrentar la resistencia a que simplemente sea un matrimonio, porque hay voces que argumentan con fuerza que no es lo mismo que la unión entre un hombre y una mujer, y les aterra hasta el nombre.

 

Orlando es la discriminación ignorante, nacida en el miedo de los machos que gobiernan a que se los considere menos hombres, es el permiso de una sociedad que para degradar todavía insulta con epítetos de contenido sexual.

 

Orlando es el oportunismo de los candidatos a la presidencia locales y los ya electos en el resto del mundo que hacen política con la moral en lugar de intentar moralizar la política.

 

Orlando es o mejor dicho somos todos, los que pensamos que haríamos si nuestros hijos nacieran con una identidad sexual diferente a la nuestra, los que segregamos a todo el que no luce, habla, cree o piensa igual que nosotros.

 

Aprender a vivir en tolerancia es la única forma de salvarnos como especie, el último eslabón de la cadena de destrucción hasta estas palabras es Orlando, como decía Bertold Bretch “… hoy me matan a mi pero ya no importa”

No nos engañemos, la intolerancia no reconoce entre hijos y entenados.

 

* Trabajadora social uruguaya radicada en Toronto.