Una moción coherente

Una reciente iniciativa legal de la alcaldesa Olivia Chow busca prohibir las operaciones del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas de Estados Unidos (ICE) en Toronto durante la Copa Mundial de Futbol que inicia el próximo 11 de junio. Este texto pone sobre la mesa una cuestión fundamental: la seguridad no se mide solo por la vigilancia, sino por la confianza.

“ICE ha demostrado con sus acciones en Minnesota y en todo EE.UU. que provocan miedo y desórdenes, no seguridad ni protección”, precisó la funcionaria.

“Cualquier presencia de ICE en Toronto puede generar temor en un momento en el que queremos dar la bienvenida al mundo y garantizar que todo el mundo se sienta seguro”, añadió antes de solicitar a las autoridades federales canadienses que “rechacen cualquier tipo de despliegue del ICE”.

Toronto es una metrópoli en la que casi la mitad de sus habitantes nació fuera de las fronteras nacionales. La moción presentada ante el consejo municipal va más allá del simple gesto político, se trata también de una demostración de coherencia con la identidad de una ciudad que se enorgullece de ser inclusiva.

La preocupación de la alcaldía es legítima. La presencia de una agencia extranjera cuyas tácticas recientes han sido calificadas de agresivas en su propio territorio, podría empañar la atmósfera de un evento que busca, precisamente, celebrar la diversidad y la convivencia internacional.

Con el BMO Field como epicentro del torneo entre junio y julio de 2026, Canadá recibe a miles de aficionados de todos los rincones del planeta. Para convertirse en una “sede ejemplar”, las categorías del éxito deberán incluir más que infraestructura o logística deportiva. Es ahí donde cobra valor la capacidad de ofrecer un entorno en el que el visitante y el residente —sin importar su estatus migratorio— se sientan protegidos, no perseguidos.

La solicitud de Chow al Gobierno federal para rechazar cualquier despliegue del ICE en suelo local es un recordatorio de que la soberanía y los valores canadienses deben prevalecer. Si el Mundial de 2026 pretende ser una fiesta de la “hermandad global”, es imperativo que las calles de Toronto reflejen ese ideal.

La seguridad nacional y fronteriza es vital, pero no debe servir de pretexto para generar miedo en comunidades que son el motor de la ciudad. El balón se encuentra ahora en el campo de las autoridades federales, quienes deben decidir si la hospitalidad canadiense será absoluta o si tendrá excepciones que comprometan su esencia.

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