Estafas de alquiler de propiedades en línea: las red flags que no debes ignorar

A la hora de buscar un alquiler se un apartamento o casa a través del Internet podemos quedar seducidos por una verdadera “ganga” que una buena persona nos ofrece. Pero lo cierto es que ese mercado está también invadido por cibercriminales que buscan estafar a sus desesperadas víctimas a través de la pantalla.

Contrario a lo que pudieras suponer, este tipo de estafa es más común entre personas que no disponen de muchos recursos, precisamente porque se sienten más atraídas por los precios bajos y ofertas tentadoras.

Por esa razón te queremos compartir algunos consejos sobre cómo detectar estas estafas, muchas veces bastante predecibles.

Una señal bien clara de que intentan estafar tu dinero es cuando la otra parte insiste reiteradamente en comunicarse solo por mensaje de texto o correo electrónico, y nunca por teléfono o por video chat.

Esto sucede porque en muchas ocasiones estos estafadores se encuentran fuera del país y si  no hablan inglés con fluidez o tienen un acento que podrías identificar fácilmente como que no coincide con la persona que está presentando, no querrá que escuches su voz.

Otra importante alerta es que en estos casos el que realiza la oferta de alquiler no propone que visites la propiedad previamente. Ningún arrendador legítimo insistirá en que envíes un depósito sin ver primero el apartamento. Es posible que intenten afirmar que no pueden mostrarla porque actualmente hay inquilinos viviendo allí, pero esa no es una razón legítima.

Otra red flag muy importante es cuando te piden realizar un depósito sin haber conversado personalmente con nadie.

Ya sea con el propietario o con un agente inmobiliario es importante tener una reunión previa donde se entregue el  contrato de arrendamiento y se realicen todos los arreglos. 

Por último, y aunque parezca obvio, siempre desconfía de los emails y mensajes con problemas gramaticales o de ortografía. Como dijimos anteriormente muchas de estas redes de estafa operan desde el extranjero por lo que no dominan el idioma del país y emplean traductores automáticos que cometen errores, omisiones y otros problemas gramaticales.