Impacto viral: biología, vida cotidiana y brechas de género

¿Hay alguna diferencia entre el impacto que la epidemia de COVID-19 tiene o puede tener entre mujeres y hombres? Y si la hubiera ¿a qué se podría deber?…

El interés de una pregunta puede medirse por la variedad de las respuestas posibles y, como veremos, éste es el caso.

Apenas un mes después de que se detectara el brote por coronavirus, el Centro Chino para el Control y la Prevención de Enfermedades publicó los primeros estudios sobre el tema, de los que surgieron datos de sumo interés. Las mujeres presentaban una tasa de contagio levemente menor pero poco significativa desde el punto de vista estadístico. Entre el 51 y el 54% de los infectados eran hombres. Sin embargo, en la tasa de mortalidad sí se notaban diferencias notables. La de las mujeres alcanzaba el 1,7% mientras que la del los hombres trepaba al 2,8%, es decir que era un 60% mayor.

Los investigadores se han preocupado por saber qué hay detrás de esta resistencia de las mujeres al virus ya que se han registrado resultados similares en las primera etapas de la epidemia en diferentes países. Entre los factores que explican esa resistencia, algunos son biológicos y otros tienen sus raíces en el estilo de vida.

Resistencia biológica

Existe un patrón presente en muchas infecciones virales: los hombres se ven más afectados y presentan una tasa de mortalidad mayor. Las mujeres, no solo responden mejor a las vacunas y a los tratamientos, sino que tienen mejores respuestas de “memoria inmune”, que protege a las adultas de patógenos a los que estuvieron expuestas cuando eran niñas.

Una de las posibles explicaciones radicaría en los estrógenos. Estas hormonas femeninas, responsables del desarrollo de los caracteres sexuales secundarios a partir de la pubertad y de los procesos de ovulación y fecundación, cumplen otras varias funciones y entre las que se han estudiado en los últimos años está la de potenciar la respuesta inmune. A partir del brote del SARS y de varios análisis realizados durante epidemias de influenza, se han multiplicado las evidencias de que los estrógenos contribuyen a que las mujeres controlen las infecciones virales mejor que los hombres.

Factores culturales y enfermedades previas

Además de los factores biológicos, que parecen conferir mayor protección a las mujeres, los científicos, a la hora de explicar la mayor resistencia por parte de las mujeres al coronavirus y a otros patógeneos similares, ponen el foco en los estilos de vida.
Uno de los principales factores a tener en cuenta es el tabaquismo. Sigue siendo mayor el porcentaje de hombres que son o han sido fumadores, y eso es especialmente cierto en la población de adultos mayores, que es, a su vez, la más afectada por los casos graves de coronavirus

Por otra parte, existe un fenómeno que se ha estudiado en todas las sociedades modernas: los hombres son entrenados (y se podría decir: adoctrinados) desde niños en la creencia de que no consultar cuando tienen un problema de salud, demuestra algún tipo de superioridad. Por esa razón, cuando surgen situacionescomo como la actual ola de contagios, las mujeres son más proclives a atenderse durante las primeras fases de la infección. Es decir cuando las posibilidades de recuperación son mayores.

Otro de los factores con impacto directo en el número de muertes provocadas por el coronavirus es la existencia de enfermedades previas como la Hipertensión, la Diabetes Tipo 2 y la Enfermedad Pulmonar Obstructiva Crónica. En este sentido, los hombres -y en especial los hombres mayores- también presentan condiciones de mayor vulnerabilidad.

Sin embargo…

Sin embargo, a medida que la pandemia se ha dispersado por el mundo parece estar atenuándose esa ventaja inicialmente detectada a favor de las mujeres. Comienzan a ser mujeres las más directamente afectadas, en especial en las franajas de edades intermedias. Por el virus directamente, pero además por la situación social que se genera a partir de su irrupción y por la alarma social que genera. Y eso está directamente vinculado a las brechas de género en lo laboral y en lo familiar.

Entre las personas más afectadas por el contagio están las que integran los equipos de salud en contacto directo con los afectados (en emergencias, en centros de cuidados intermedios o intensivos, y en los equipos de visitas domiciliarias). En dichos equipos las mujeres, que ocupan un lugar mayoritario, están más expuestas al contagio.
Son las mujeres las que, en el ámbito familiar, dedican más tiempo al cuidado de familiares enfermos y por lo tanto las más susceptibles al contagio.

Son mujeres las que cubren la mayor parte de los puestos de trabajo en contacto con el público en sectores como la enseñanza, los servicios, la hotelería y los restaurantes, el turismo o el transporte aéreo. En esos sectores es donde las posibilidades de contagio son mayores, pero además, y dado que son los sectores en los que impactan con más fuerza las medidas de prevención y en donde se dan la mayor parte de los trabajos precarizados, muchas de esas mujeres son las que ya, en este preciso momento, están perdiendo sus trabajos sin tener posibilidades de acceder a seguros o indemnizaciones.

Con el aislamiento se pierden derechos y se incrementan los riesgos
Como bien apunta Elizabeth Ralph en su blog Women Rule, del portal estadounidense Politico, entre las consecuencias no buscadas pero posibles de las medidas de aislamiento que se están tomando en todo el mundo, está el incremento de los riesgos que corren las mujeres que sufren situaciones de violencia en sus hogares.
Es bien conocido que para esas mujeres el hogar, lejos de ser un espacio de cobijo y seguridad, es el lugar en el que corren los mayores riesgos. Allí peligran su dignidad,su salud física y mental e incluso su vida.

El contacto con compañeros o compañeras de trabajo y con familiares , así como la posibilidad de que las mujeres en situación de violencia encuentren apoyo exterior cuando lo necesitan, es lo primero que los perpetradores de abuso tratan de evitar. Para ellos, aislar a la persona a la que maltratan es una demostración más de poder pero sobre todo es una necesidad. Es lo que les asegura el silencio y la impunidad.

El aislamiento social transitorio que en la crisis actual todos y todas necesitamos para precavernos del contagio del COVID-19 y que el sistema de salud necesita para no colapsar ante situaciones que lo desborden, es para algunas (no pocas) mujeres, un pase libre al sufrimiento.

Es otro impacto viral a tener en cuenta. Y frente a ese tipo de impactos, también deberíamos estar alertas.

Porque cuidarnos incluye cuidarlas.

Lois es una conocida reportera que fue capaz de desempeñar tareas típicamente masculinas en una época en la que las mujeres aún estaban limitadas a la esfera doméstica y totalmente apartadas de la esfera pública. Y si bien se trata obviamente de un pseudónimo utilizado por alguien que no desea ser reconocido/a, en Correo estamos orgullosos de sus colaboraciones.