De derechos y otras reflexiones

Monica Percivale
Monica Percivale

COLUMNISTA INVITADA

MONICA PERCIVALE*

El nombre Juan Sola no suena en Toronto, excepto a lo mejor  para un puñado de personas que hayan tenido la suerte de cruzarse con su posteo en Facebook en ocasión de la marcha Ni una menos.

Sola es un joven escritor chaqueño con una habilidad especial de enganchar al lector en su posición – por cierto crítica y ajustada- de los flagelos sociales de la violencia de género y la discriminación.

Su comentario me provocó un nudo en la garganta que se desató en lágrimas, pero que como todo buen argumento me llevo a la reflexión.

Desde hace veinte años cuando me convertí en madre, supe que habría de enseñarle a mi hija a respetarse a si misma y a los demás; y cuando la vida volvió a bendecirme y me dio  un varón tuve claro que la enseñanza sería la misma: respetarse para poder respetar, a todos por igual.

Les hableé a ambos  abiertamente de la igualdad de género, del derecho de la mujer a vestirse como le guste sin que eso deba verse como una invitación a un determinado comportamiento sexual.

De la libertad de decidir sobre su cuerpo, a ambos, sin diferencias. Sentí que había cumplido mi misión a pesar de reconocer que no pude escaparme de los parámetros de socialización que transmitimos cuando las niñas juegan con Barbies o princesas  y los varones a la pelota o a la guerra.

El mensaje fue siempre claro y resonante, la mujer tiene los mismos derechos que el hombre y los dos tenían que entenderlo y recordarlo siempre. Jamás pensé, sin embargo en como sentían los hombres decentes que no golpean o abusan de sus parejas, por ende nunca se los mencioné.

El escalofrío inicial después de leer el comentario de Sola, me sacudió principios arraigados en la creencia de que el mensaje de igualdad era suficiente. No lo es, porque nunca había pensado en la reacción de los hombres que respetan  frente al miedo de la mujer, ni de la realidad que nos tienta a pintar a todos con el mismo tono.

No me había detenido jamás a pensar que inconcientemente asumí lo monotónico como medida de protección, aun a pesar de remarcar una y otra vez el mensaje de empoderamiento basado en la igualdad. Perdí de vista que la lucha para detener el abuso necesita de la participación de  los hombres que no abusan tanto como de las mujeres que reclamamos que termine.

El miedo existe, es valido e inevitable, y tal como dice Sola, no podemos esperar que las mujeres no le temamos a un desconocido en una calle oscura si en nuestra propia casa nos golpean. Se trata si de que esos hombres que no golpean, que respetan, que entendieron que la mujer es un igual porque es humana, hagan escuchar sus voces a diario, en el trabajo, en la escuela, en las reuniones de amigos. Se trata de que entendamos que la violencia de género es un tema de todos y de que incluye a todos.

 

* Periodista y trabajdora social, uruguaya, radicada en Toronto.