La edad y el compromiso con lo político

A campaign worker tracks polls on election day in Ottawa Centre in 2008. The Hill Times file photo

Veíamos en la nota anterior de esta serie que uno de los principales elementos que nos permiten predecir si una persona votará o no es la edad. Ese es un fenómeno generalizado en las democracias occidentales -especialmente en las de los países industrializados- y quienes estudian el fenómeno advierten que tanto sus causas como sus efectos son altamente perjudiciales para la calidad democrática y para la sostenibilidad de nuestras sociedades.

En Canadá, las cifras del voto de los jóvenes habían bajado de forma consistente hasta 2011, cuando el voto de quienes estaban entre los 18 y 24 años de edad (38%) estuvo 37 puntos por debajo del voto de las personas que tenían entre 65 y 74 años (75%).

En 2015, posiblemente el hartazgo frente a los gobiernos conservadores y la aparición de un candidato liberal atractivo y con un apellido difícil de olvidar, provocó que el voto de las personas jóvenes aumentara más de 20 puntos y esa fue la razón para lo que veíamos en las Fichas 1 y 2: Ese año, las cifras de votantes totales aumentaron por primera vez desde 1993 y pasaron del 57% registrado en 2011, al 68%.
No podemos saber si el fenómeno se repetirá o si fue sólo coyuntural, pero lo que sí sabemos es que las causas por las que los jóvenes tienden a votar menos que las personas adultas (perciben en general menores ingresos, pertenecen en mayor proporción a los grupos de “minorías visibles” y tienen una actitud de mayor desconfianza respecto al sistema electoral), se mantienen.
Esto tiene un efecto inmediato en el perfil de los partidos que reciben mayores adhesiones del electorado, y existe un fenómeno que en general los jóvenes no conocen, que agrava dicho efecto. Comencemos por el primero.

Los adultos, y en especial los adultos mayores, tienden a tener, respecto a los cambios sociales, actitudes más conservadoras que los jóvenes. Han llegado a un momento de sus vidas en el que todo lo que puedan ser pérdidas se ve magnificado frente a lo que puedan ser beneficios y eso se refleja en sus opciones políticas.
En una sociedad en la que los jóvenes votaran en la misma proporción que los adultos, el resultado sería un equilibrio sano y deseable de intereses. Cuando los jóvenes resignan sus derechos, en cambio, el resultado es que el conservadurismo se impone con mayor facilidad. Pero ese efecto, ya desequilibrante de por sí, se ve magnificado por el envejecimiento poblacional, otro fenómeno propio de las sociedades desarrolladas, en las que existe un número creciente de adultos mayores en relación al número de personas jóvenes.

En un contexto en el que los adultos mayores constituyen una proporción creciente de la población y en la que, a su vez, los jóvenes les ceden su propio poder de decisión al negarse a asumir un derecho, los resultados electorales no pueden reflejar adecuadamente las expectativas sociales.

El envejecimiento poblacional

En el gráfico podemos apreciar el descenso en el porcentaje de menores de 15 años y de aumento de la población de mayores de 65 respecto a la población total en Canadá, desde mediados del siglo XIX hasta nuestros días, el año en que ambas curvas se cruzaron (2016) y las cifras proyectadas para las próximas dos décadas. El proceso es similar al de la mayor parte de los países desarrollados y se ha comenzado a producir también, de modo acelerado, en los países en desarrollo.

LATIN@S EN TORONTO – FUENTE: STATISTICS CANADA

NOTAS:

Una muy baja fertilidad por mujer, por debajo de la tasa de reemplazo desde hace más de medio siglo, sumada al aumento de la expectativa de vida de la población adulta, se suman para producir un fenómeno que es inseparable del desarrollo, pero presenta desafíos sociales (y electorales) que deben ser conocidos y comprendidos.

La relativa estabilización que se percibe a partir de los años 70 del siglo XX y que se consolidará en las próximas décadas es fruto casi exclusivo del ingreso de población inmigrante no europea. Un regalo del mundo.

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