Del derecho a la crisis, miles sin un techo en Toronto

La crisis de la vivienda en Toronto ha traspasado la frontera del mercado inmobiliario para adentrarse en el terreno de las emergencias sociales. El crecimiento económico de una ciudad dinámica y diversa contrasta con la dificultad de miles de personas para encontrar un lugar donde vivir.

Los datos más recientes del informe Street Needs Assessment, difundidos por Radio-Canada a mediados del año pasado, muestran con claridad la magnitud del desafío que enfrenta la mayor ciudad de Canadá.

El estudio revela que 15.418 personas no tenían hogar aquí en los últimos meses de 2024, un aumento del 111 por ciento respecto a 2021, cuando se contabilizaban 7.300 personas en situación de calle.

Particularmente preocupante es el aumento de quienes viven fuera del sistema de refugios: el número de personas sin hogar que no utilizan estos servicios pasó de 742 en 2021 a 1.615 tres años después.

El informe muestra que las comunidades indígenas y racializadas están sobrerrepresentadas en esas estadísticas. Los ciudadanos indígenas constituyen el 9 por ciento de la población sin vivienda y el 31 de quienes no acuden a refugios, pese a representar apenas el 3,2 por ciento de la población de Toronto. Asimismo, el 77 por ciento de los encuestados se identifican como racializados, y dentro de ese grupo el 58 por ciento son personas negras. A ello se suma el hecho de que la proporción de personas de las comunidades LGBTQ+ en situación de calle se ha duplicado desde 2021.

Otro elemento clave es el creciente peso de la migración en esta crisis. Cerca de la mitad de las personas encuestadas solicitaron asilo, una cifra que casi quintuplica las de 2021, pues muchos recién llegados encuentran enormes dificultades para integrarse al mercado residencial.

Las causas estructurales son claras: la escasez de viviendas asequibles, el estancamiento de los salarios que redunda en la insuficiencia de ingresos como principal causa de esta situación.

En julio del año pasado el ayuntamiento preveía la apertura de seis nuevos refugios, mientras que la provincia de Ontario comprometía 75,5 millones de dólares para nuevas viviendas y plazas de refugio, además de financiar programas de prevención del sinhogarismo, según informó una portavoz del gabinete del ministro de Asuntos Municipales y de Vivienda. Sin embargo, estas iniciativas, aunque necesarias, parecen insuficientes frente a la magnitud del problema.

En un ranking global de 2025 Toronto aparece en el puesto 18 entre las ciudades con alquileres más caros, por detrás de Nueva York, Boston, Singapur, Londres o Zúrich.

Si bien ese año el alquiler promedio de un apartamento de una habitación se situaba alrededor de 2.133 dólares mensuales, en la actualidad, estimaciones fijan la renta promedio total cerca de 2.581 dólares mensuales dependiendo del tipo de unidad. Ello indica que los hogares destinan alrededor del 71 por ciento de sus ingresos antes de impuestos a costos de vivienda, el doble de hace una década.

Mientras los precios de los inmuebles familiares han bajado ligeramente en los últimos meses (reportes de prensa dan cuenta de un descenso del 7 por ciento en febrero último), siguen siendo poco factible para la mayoría de los hogares.

Sin una estrategia más ambiciosa —que incluya ampliar la vivienda asequible y revisar políticas como el control de los alquileres— la ciudad corre el riesgo de profundizar una crisis que ya deja a demasiados ciudadanos al margen del derecho básico a la vivienda.

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