Espantar la violencia y el odio

04/06/2026 June 4, 2026, Toronto, On, Canada: Prime Minister Mark Carney, centre, and his wife Diana Fox Carney, right, visit technology startups at the Vector Institute, in Toronto on Thursday, June 4, 2026. POLITICA Europa Press/Contacto/Arlyn Mcadorey

La noche del domingo pasado, cuando la comunidad judía de Canadá se disponía a observar el Yom Kippur —la festividad más sagrada de su calendario—, un hombre armado con un rifle irrumpió en las inmediaciones de la sinagoga Sons of Jacob, en Belleville, Ontario. El saldo: un agente de policía gravemente herido y el atacante en estado crítico tras un intercambio de disparos.

Que un lugar de oración se convierta en escenario de violencia armada no es un incidente aislado ni un simple hecho policial. Es una herida abierta en el tejido de un país que se ha construido, al menos en el discurso, sobre la promesa del pluralismo religioso.

El primer ministro Mark Carney reaccionó con prontitud: “Los judíos deben poder practicar su religión con seguridad”. Recordó, además, que el ataque ocurrió “en la noche más sagrada del calendario judío”. Pero lamentablemente, las palabras de solidaridad, por sí solas, no detienen a un hombre armado.

Lo ocurrido en Belleville debe leerse en un contexto más amplio: el aumento documentado de incidentes de este tipo en el país en los últimos años, el clima de polarización que enciende los discursos de odio en línea y la facilidad con que un individuo puede acceder a armas de fuego de alto poder. La presencia policial preventiva en sinagogas y otros lugares de culto, anunciada por la Policía de Toronto, es una medida razonable y un recordatorio amargo.

El Gobierno federal ha prometido hacer “todo lo que esté en su poder” para apoyar a las fuerzas de seguridad y asegurar que el responsable responda ante la justicia. Se necesita una estrategia sostenida contra el extremismo violento: financiamiento para seguridad comunitaria, vigilancia de los discursos de odio, controles de armas más estrictos y educación pública que desmonte los prejuicios antes de que se conviertan en balas.

Canadá se enorgullece de ser una sociedad pacífica y diversa. Belleville demuestra que esa promesa exige vigilancia, recursos y valentía política. Nadie puede sentirse seguro cuando la violencia se cree justicia.

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